viernes, 15 de febrero de 2013
El bosque encantado, juego de emociones
Desde hace un tiempo venimos escuchando la importancia de abordar las emociones en los más pequeños para fortalecerlos como personas y de no ser así cómo afecta en su vida personal y educativa.
La página contiene una guía para padres y docentes, como fichas con información de las emociones más comunes que se pueden imprimir para poder generar charlas o debates.
Me pareció súper interesante, y desde acá, un blog muy desactualizado, les propongo que juguemos juntos a nuestros peques.
El bosque encantado: http://www.elbosqueencantado.aecc.es/
viernes, 5 de febrero de 2010
Cuando surgen inconvenientes

En la vida de nuestros hijos no todo es color de rosa. En nuestra maternidad/paternidad no todo es color de rosa.
Resulta que cuando una tiene tanta información disponible (y más cuando somos primerizas) estamos atadas a esos datos que leemos, nos juegan a veces a favor, otras en contra.
Con Bodoque me pasó eso: yo leía cada día como debía avanzar un bebé de su edad y comparaba. En cosas me ponía mal, pues hasta que no lograba lo que decía el informe yo me preocupaba... y si lo hacía antes, entonces me enorgullecía... Pero realmente fue de ayuda. Gracias a esto vi que debía poner especial atención en el lenguaje, pues llegó a cumplir tres años con unas poquitas palabras no más...
Luego de un año y pico de tratamiento pudimos reducir el año y medio de retraso... es duro, hay angustia, mucho trabajo y paciencia... pero se logra superar. Mi nena sobretodo es un ejemplo de perseverancia...
martes, 9 de junio de 2009
El milagro de la vida
Por como acabó todo me sentía mal, muy mal y cuando por fin lo plasmé tal y como lo recordaba, me di cuenta de lo bonito que había sido.
¡Disfrútenlo!
Cómo nació Ahmed Nur (miércoles, 20 de Agosto del 2008)
A mitad de agosto me fui unos días a Elche a pasarlos con mi familia en una casita que tienen en una urbanización. Allí, fuera de la ciudad, se suele estar más fresco y tranquilo y pensé que me vendría bien.Llegué el viernes 15 por la noche y pensaba irme el siguiente miércoles, pero al final el lunes decidí comprar mi billete de vuelta para el martes porque tenía ganas de volver.Había tenido alguna contracción muy poco molesta esos días pero nada extraño. Yo me sentía más nerviosa pero suelo estarlo cuando viajo sin mi marido y las molestias que me iban surgiendo las achacaba a que ya estaba en el 8º mes y era normal.Al final, en el tren de vuelta a Barcelona que quería coger, solo quedaba un asiento: el mío. Y me marché a casa. Los preparativos con mi familia para cuando, supuestamente, volviéramos unas semanas después seguían en pie sin que nadie sospecháramos nada de lo que iba a suceder.
El viaje en tren fue tranquilo y bien (mejor que el de ida) y al llegar mi marido estaba desecho en mimos conmigo. En casa ya estaba más tranquila.
Esa noche la pasé un poco rara, ya que tuve como 4 contracciones más molestas pero no fui consciente hasta que me desperté y las seguía teniendo muy de vez en cuando. Todo me sonaba así que empecé a mirar en libros y revistas y le dije a mi marido “creo que esto puede ser para tirar el tapón mucoso”. En todos los sitios decía que era algo gelatinoso y rosado con tiñas rojas y yo esperaba ver eso, pero lo único que vi fue flujo marrón oscuro. Pensé “en horas o días lo tiraré”. Visto que la cosa podía empezar y que, según libros y revistas, a las primerizas les puede pasar semanas antes del parto, le dije a mi marido que si tiraba el tapón podía ponerme de parto en cualquier momento y que estaría más tranquila estando en Elche ya, cerca de Acuario. Así que empecé a pensar en irnos un par de días más tarde y comencé a preparar cosas (puse una lavadora con ropita del bebé, mantitas, sabanitas y un bolso).
La mañana pasó y, como se acercaba el mediodía, me puse a hacer la comida. Entre tanto algún mimo con mi marido pero cada uno llevaba su marcha. Yo seguía teniendo contracciones cada mucho y estaba atenta al flujo pero nada rosado ni rojizo aparecía.
Después de comer me tumbé en el sofá como de costumbre y me puse a ver la tele. Las contracciones no paraban, es mas, cada vez me molestaban un poco más pero no me planteé nada raro. Sobre las 7 y media de la tarde, me puse una peli de video para ver si podía relajarme y olvidarme de las molestias (El Príncipe de Egipto, una peli que me da fuerza y seguridad y me ayuda siempre a conectar conmigo misma) pero no tuvo mucho éxito. Las contracciones empezaban a doler un poco y no podía estar sentada sin más viendo la tele, así que a las 8 me fijé en el relojito que había en la pantalla de la tele y me di cuenta que las contracciones venían cada 5 minutos justos. Mirándolo desde fuera pienso “¿cómo es que no le dije nada a mi marido para hacer algo?” pero es como si, a partir de ese momento, alguien desconectara la parte racional de mi cabeza y me metiera en un planeta paralelo en el que solo existíamos las contracciones y yo. Dejé la peli puesta y primero me fui a la habitación de mi bebé. Me puse a cuatro patas en la moqueta y después de rodillas. Allí pasé un par de contracciones pero después me fui a mi habitación y me tumbé en mi cama. Desde ese momento, no la dejé.
Fui pasando el dolor de las contracciones de rodillas en la cama, moviendo la cadera y, entre ellas, acostada de lado intentando descansar un poco. En un rato, mi marido vino a buscarme y, al verme así, no se lo que pensó pero le pedí que se quedara y me masajeara la parte baja de la espalda mientras estaba acostada.
Pronto me quede sola y las contracciones eran cada vez más dolorosas. Entre ellas ya no había tanto tiempo y apenas podía relajarme o echarme en la cama.Mi marido desapareció y, aunque en ese momento ni me paré a pensar en ello, recuerdo que estaba hablando por teléfono con gente porque se dio cuenta de que esto iba a más.
Yo rezaba con cada contracción, pedía en alto que me ayudaran con el dolor, incluso mordía las sábanas. A veces me ayudaba mucho respirar rápido por la boca como he leído en manuales pero a veces solo podía gritar cosas como “que paren ya, por favor” o “no puedo más”. Pero sabes que sí que puedes, te sale la fuerza de donde no sabes y todo sigue su marcha.
Allí estaba yo, a oscuras, mientras el sol se ponía, a cuatro patas en la cama con el balcón abierto y gritando con una voz que me salía de lo más profundo de mí. Sigo sin entender como no pensé en ningún momento que estaba de parto y que no había nadie para atenderme pero lo cierto es que fue así. Sencillamente me sentía como una mamífera más, escondida entre arbustos, sin querer ser vista y dando a luz a su hijo.
Mi marido entraba y salía nervioso, intentando hacer algo para ayudarme. Llamó a varias comadronas que asistían en casa pero no le cogieron el teléfono o, simplemente, le dijeron que no.
En un momento me dijo que teníamos que irnos al hospital y me dio ropa, pero yo le dije que esperara que en ese momento no podía moverme, que confiara en mí (solo pensar en bajar de la cama me asustaba). Las contracciones eran prácticamente seguidas y no podría ni dar un paso.Viendo mi estado decidió llamar a una ambulancia para que vinieran a casa y llevarme al hospital y eso debió ser sobre las 10 de la noche. Mis contracciones habían bajado la intensidad y tenía un poco de tiempo entre ellas, entonces supe que tocaba empujar.Me apoyé en la madera que hay en el cabezal de la cama con las manos y me puse de rodillas. Me quedé totalmente desnuda y, con cada contracción, empujaba un poco con cuidado. Notaba como el bebé iba bajando y yo estaba abierta. Iba metiendo mis dedos para ver si tenía que romperme la bolsa (porque aún hoy no sé en qué momento rompí aguas) y le decía “venga bebé, un poco más que esto ya acaba”.
En ese momento entró mi marido y me dijo que una ambulancia venía de camino a lo que yo le contesté que pusiera toallas bajo de mi y que se quedara, porque su hijo iba a nacer. Yo ya tocaba su pelito y notaba como me quemaba toda la zona. Esa tirantez ardía, pero aun así esperaba a tener una contracción para empujar.Finalmente, con un pequeño grito, salió la cabeza y oí como mi marido muy emocionado me seguía dando ánimos diciéndome que mi bebé ya estaba aquí. Poco después y sin casi esfuerzo calló el cuerpecito y mi marido lo recogió en sus manos.”Es un niño” me dijo y enseguida le saludó completamente enamorado “Salam aleikum Ahmed Nur”.
Aún recuerdo el tono de su voz y lo emocionado que estaba. Se acababa de enamorar de su bebé y lo había recogido con sus propias manos para darle la bienvenida a este mundo.
Yo me senté en la cama como pude, totalmente en shock y él me tendió al chiquitín diciéndome “toma, aquí tienes a tu hijo”. Lo apoyé en mi pecho y mi marido se quedó a mi lado. Abrazados los 3, disfrutamos de 5 minutos de intimidad mientras Idris le cantaba la bienvenida y yo seguía unida al bebé por el cordón.
Justo después llegaron las enfermeras para llevarme urgente al hospital, aunque se quedaron súper sorprendidas cuando, al abrir la puerta, Idris les dijo que acababa de nacer. Allí tuvimos que esperar otra ambulancia y bueno… podría decir que, en cierto modo, empezó un poco nuestra pesadilla: médicos, salas frías, separaciones, pruebas y más pruebas,… un hospital. Pero, gracias a Dios, mi hijo tuvo el nacimiento que durante todo el embarazo quise para él.
No se cogió al pecho en cuanto nació pero no se si porque no pudo, no quiso o porque yo no supe. Lo cierto es que yo estaba exhausta por todo lo que acababa de pasar. En cuestión de pocas horas había tenido a mi hijo, casi un mes antes de lo que me habían dicho todas las comadronas. Había ocurrido ya y había pasado en casa, sin nadie más que mi marido y mi confianza en Dios y en mi cuerpo.
Aun hoy, cuando pienso en ese día, siento que estaba fuera de mí. Me había imaginado un parto más idílico y, para no mentir, menos duro pero lo cierto es que, ahora que ha pasado todo, empiezo a ver que fue precioso y estoy muy feliz de cómo fue. Me siento muy orgullosa de mi bebe por lo fuerte y decidido que es; de mi marido por todo lo que participó, el amor que me demostró, la confianza y lo unidos que estuvimos en cada momento; y también de mi misma, de lo fuerte y valiente que fui.
Nunca me hubiera imaginado mi parto de ese modo pero, a decir verdad, durante todo el embarazo dije que quería un parto “en sepia” y hoy, al recordarlo, siento que lo tuve.
martes, 2 de junio de 2009
Mami Farah
Soy Farah, una mamá española de 25 años, y este mes Gisela me ha dado la oportunidad de expresarme en este blog, de llegar a vuestros hogares y, así, poder compartir con todas vosotras un poquito de mi corazón y de mi vida.
Como bien os sonará a todas, mientras escribo voy mirando para atrás viendo como Ahmed Nur juega en la alfombra. La mayoría de veces sigo escribiendo pero algunas me levanto a quitarle cualquier cosa que sacó de nosedonde y que no es buena idea; otras, tengo que volver a acercarle a sus juguetes porque ya medio gateaba fuera de la alfombra, por el suelo; y, otras, me quedo embobada mirando como aprende de rápido y lo precioso que está al paso de los días.
Y es que esto es exactamente lo que la maternidad ha cambiado en mí: el dejar de hacer y pensar únicamente en lo que YO necesito o quiero. Esto fue algo muy duro de asumir. Mi pequeño vino un par de semanas antes de lo previsto y, aunque disfruté enormemente de mi embarazo, no estaba preparada para que estuviera ya aquí. ¡¡Ni siquiera su ropita lo estaba!!
Pero así sucedió, y me vi repentinamente con un pequeño ser, sangre de mi sangre y, sin embargo, tan desconocido, a mi cargo. Todo en él dependía de mí y yo solo quería escapar. Lo quise desde el principio pero, más que esa sensación que algunas madres explican como “en cuanto lo vi me enamoré y todo valió la pena”, en mí pudo más la sensación de protección de una mamífera a su cachorro, la de supervivencia. El amor real estaba ahí pero se fue abriendo poco a poco a medida que me abría a mi nueva situación.
Por supuesto todo valió la pena y, como dice mi prima, si para tenerlo a él conmigo tuviera que repetir mi vida entera con todas las equivocaciones y malos tragos, lo haría.
Ahmed Nur, mi príncipe de 9 meses, es el sol de mi vida. Y, aunque yo nunca fui una persona muy paciente, él me está enseñando día a día que la paciencia es una gran virtud que toda mamá lleva dentro y que, si la consigues, vives cosas maravillosas.
Mi parto fue algo especial, maravilloso, mágico. Algo sagrado que Dios mes regaló. Pero eso, ya es otra historia…
miércoles, 27 de mayo de 2009
Cambios

lunes, 18 de mayo de 2009
Maite aprendiendo

Mi hija es muy inteligente. Tal vez las madres no somos muy objetivas, es natural, son nuestros hijos!! No puedo ser imparcial....pero me maravillo con cada descubrimiento, cada aprendizaje, cada avance.
lunes, 20 de abril de 2009
Mi maternidad en tiempos de la Internet

Soy una mamá cybernética, como muchas. Si algo nos identifica a las mamás actuales es que andamos con una mano meciendo la cuna y con la otra escribiendo en el blog del nene o en el foro de maternidad para preguntar, por ejemplo, si es normal que nuestro hijo/a no duerma, no hable o aun no camine...
Yo sé que muchas en este instante se están sintiendo identificadas... si es asi, señora, usted es una cyber mamá. Y si, nos toco esta suerte o no tanta. Tenemos un caudal enorme de información, grupos de madres de todos los colores y estilos, listas de correos, más información, promociones, charlas, etc, etc.
A veces es una bendición contar con santa Internet, pero a veces no tanta. Recuerdo cuando mensualmente recibía a la casilla de correo los supuestos avances de mi bebé, y yo lo comparaba renglón a renglón para identificar si mi hija crecía bien. Por suerte ahora no tengo tanto tiempo...
Debo confesar que como mamá sin mamá de algo tengo que agradecer: los foros. Si no me hubiese anotado en ellos nunca me hubiera enterado de que a muchas les pasa lo que a mi me pasa, que no soy tan mala madre y por supuesto, no hubiese tenido la contensión que solo las que vivieron o viven lo mismo te pueden dar.
Otro punto característico de nuestra era: ya los diarios infantiles no se escriben... se suben a blogs! Benditos blogs, que nos dejan expresarnos, compartir y conocer gente...
Lo raro es que recien ahora me doy cuenta de todo esto. Gracias Santa Internet, y gracias a mis compañeras de aventuras...
viernes, 6 de febrero de 2009
Trabajo y maternidad
Me di cuenta que esas mujeres independientes que trabajan 8 horas fuera del hogar (y a veces más), que además estudian y van a clase de canto, esas señoras tienen algo de ayuda: las madres y suegras... ¡Me lo hubiesen avisado con tiempo señores!
Con Antara aun no había sufrido tanto, era complicado pero las opciones eran más simples... pero ahora:
Andres que trabaja afuera y hay tres días de la semana que no puedo contar con él
Mi horario de la biblio, que al salir a las 20 hs, no encuentro guardería o jardín maternal...
Antara, y su nuevo horario escolar hasta las 17 hs...
Y obviamente, esta mamística en apuros no cuenta con madre o suegra para que tapen algunos baches...
Entonces: ¿llevamos a Uli a la guardería hasta las 6?, ¿Luego los cuido en la biblioteca?, ¿Contratamos a alguien que los cuide en casa?, ¿Dejo de trabajar? (está ultima está fuera de la mesa... yo NECESITO trabajar, amo trabajar)
Hoy empieza una amiga a cuidar a Antara y ruego que todo marche bien...
No es imposible, nada lo es, pero de ahora en más no se me hagan las cocoritas las que tienen más de un par de manos... ellas no están en apuros...
Nota del editor: Esta entrada fue escrita por una madre que mientras escribía daba la teta al crio menor y trataba de entender a su primogénita que andaba necesitando algo que aun no pudo decifrar
martes, 1 de abril de 2008
Sólo instinto?
Demás esta decir que el parto me dolió, y mucho. No sólo la episiotomía sino también la cola, la cintura, los pechos, la cabeza y hasta las uñas.
A pesar de que se prendió a la teta sin muchas vueltas, mi bebe sufrió un descenso de peso porque la leche tardó unos días en bajar, no dormía mas de 40 minutos seguidos, lloraba mucho, cada vez que hacía caca se manchaba la ropa y hasta las sábanas (ni hablar del agraciado que en ese momento lo tuviera alzado), no toleraba quedarse en la cuna ni en el cochecito, ni en el bebesit ni en ningún lado que no fueran brazos.
Si salíamos en el cochecito él iba llorando a grito pelado lo que durara el paseo, lo que me hacía escuchar opiniones y consejos de un centenar de desconocidos, que en el 90% de los casos concluían con el clásico “pobrecito tiene hambre”.
Si viajábamos en colectivo lloraba, en auto lloraba, cuando lo bañaba lloraba, cuando lo cambiaba lloraba, si lo dejaba con mi hermana lloraba, si me duchaba lloraba…... ¿Sigo?
Cuando consultaba a los pediatras (porque recurrí a mas de un profesional) se encogían de hombros y sonreían tontamente…”y…es un bebé”…”será su carácter”...”ya va a pasar...”. Claro, a partir de ahí empecé a justificar todos sus llantos: que será el calor, que los mosquitos, que el ruido, que los cólicos, que algún diente, que la angustia del 8º mes se le adelantó….en fin!
Cabe aclarar que el embarazo lo busqué por mas de un año y medio, así que tuve tiempo de leer, de informarme, de asistir a charlas, de consultar a varios doctores, pero por sobre todas las cosas creo que idealicé demasiado….porque donde preguntaba todos coincidían en que la maternidad era algo mágico, inmaculado, bello…amor en su estado más puro. Todo lindo.
Y no voy a negar que amo con todo mi corazón a mi hijo, lo adoro más que a nada en el mundo, pero ese sentimiento no fue instantáneo, no salió como un conejo de la galera en el momento del parto…mucho menos cuando dejé el sanatorio. Desde que lo ví lo cuidé, lo abracé, lo besé, lo mimé y lo protegí; nunca dejé de atenderlo e hice hasta lo imposible para que tome la teta (que al final no largó hasta los 22 meses), pero a veces me pregunto si todo eso de los primeros días no fue sólo instinto.
Porque es difícil amar a alguien que nos altera tanto la vida, que hace que tengamos tantas dudas y preocupaciones, que nos obliga a dejar horarios, costumbres y salidas.
Hoy tiene 2 años y lo quiero hasta el cielo, lo amo más que cuando cumplió 1, y en ese momento sentía el triple de amor que cuando nació… El que quiera ponerse a hacer cálculos matemáticos y fórmulas varias bienvenido sea (seguramente ya van a salir estudios respecto al tema) pero quiero concluir con que cada día que pasa el sentimiento es más profundo, a medida que lo voy conociendo más todo mejora, el amor crece.
Así que para mí, la maternidad en los primeros días (o meses) esta sobrevaluada…demasiado photoshop para mi gusto…puro marketing o como quieran llamarlo, pero de todas maneras, aun así tenga que pasarlo 10 veces más…vale la pena.
Verito
miércoles, 20 de febrero de 2008
Entre dulce y amargo
Desde chica me costó mucho el rol de madre. Recuerdo que me era difícil tomar una muñeca, me aburría con facilidad y prefería jugar a otros típicos juegos como “la maestra”
En la adolescencia no me imaginaba como era ser madre. No podía imaginarme con un bebé en brazos, me horrorizaba la lactancia y planificaba mi vida alrededor de estudios y trabajo, quería ser “decoradora de interiores”…
Y como la profesión, mis deseos cambiaron.
Un día estábamos con Andrés acostados en el piso mirando a través de la ventana, soñando con el día en que tengamos hijos. En ese mismo momento, una chispita crecía. Es increíble como nace ese deseo… y es inexplicable, un día la naturaleza toca con su mano a una persona (o una pareja) y comienza una vida… porque para mi desde ese mismo momento en que se desea, la vida nueva brilla.
Y desde ese día no me pareció tan loco tener un bebé en brazos, prepararle la leche o darle la teta, llevarlo al jardín o a una plaza… ¡y esas visiones me hacían muy feliz!
No sé si soy una buena madre, pero dejo mi vida por mi hija. Y la amo desde esa tarde acostado junto al hombre más maravilloso que conocí.
Si tengo que definir la maternidad, sin duda diría que tiene un dulce sabor con algo de amargo. Me enojo, me angustio, me preocupo, pero desde que los ojos de mi hija se cruzan con los míos siento una felicidad inmensa, que casi no entra en mi pecho.
Ella me convirtió en mamística*
*pronto aparecerá la aclaración de este vocablo tan particular
