En cierta ocasión, alguien me dijo que los hijos no eran tan inteligentes como creían los padres ni tas zoquetes como creían los vecinos.
Pero a sabiendas de todo eso, como madre, siento que se me hunde el mundo, cada vez que miro a mi hija pequeña, ahora enferma... y aunque es un simple catarro, me cambiaría por ella y sufriría en este momento su dolor de cabeza, su fiebre, su tos, su dolor de garganta...
En circunstancias así, es cuando comprendo a mi madre, el día que me dijo (justo a mi lado y a punto de nacer mi hija pequeña), que ella prefería volver a sufrir un parto, antes de ver como su hija lo estaba sufriendo.
Siempre (desde que tengo recuerdo) quise ser madre, porque siempre envidié la relación especial que siente una madre hacia sus hijos. Quería sentirla... y aunque tengo asumido que el amor de madre reporta mucho sufrimiento, por el dolor que puede sufrir ese hijo durante toda su vida... jamás me arrepentiré de haber querido ser madre y de dar vida.
Y otro post de amores, aunque éste lleve un catarro incluido:
Te quiero mamá.
Te quiero Estel.
Te quiero Ithilien.
Y gracias a todos vosotras, madres al igual que yo, por estar ahí, leyendo y dejando vuestro pequeño granito de arena.
domingo, 29 de junio de 2008
jueves, 26 de junio de 2008
Un poco de mi
Los que me leen, me conocen un poco como madre. Aceptando, claro, que soy yo la que decido qué y cuándo contar. También soy gruñona y me gustaría tener más paciencia con mis pequeñas leonas, aunque hay personas de mi entorno cercano que difieren de esta opinión mía. Mi amiga Aurora me confesó no hace mucho que le gustaría tener la paciencia (carita de sorpresa que puse cuando lo dijo) que tengo yo con los niños y mi vecina Pepi comentó que envidia la relación que mantengo con mis hijas, íntima, directa, confiada, como si de un grupo de amigas fuéramos. Pero mis hijas son eso... mis hijas, no mis amigas y yo soy su madre; tal vez la razón de esa confianza es que siempre creí que si quieres que alguien confíe en ti, eres tú quien primero debes dar esa confianza, confesando tus propios errores. Nunca tuve ese tipo de relación con mi padre y me prometí que mis hijas creerían en mi porque yo respetaría sus propias ideas aunque difirieran de las mías. Hasta ahora he cumplido, aunque con Estel en plena adolescencia e Ithilien rozándola, sigo con mi miedo a no saber enfrentarme a auténticos problemas.
Pero también soy mujer... y mujer enamorada por más señas. Y hoy quería contaros un poco más de mi, como mujer, como persona, como ser humano con una personalidad definida y que ha tardado casi cuarenta años en aceptarse tal y como es.
Escrito el 6 de febrero del 2006.
Mimos
Me gusta mimar.
Me gusta mirar y dejar caer una caricia con el dorso de mi mano en la mejilla. Me gusta dar un beso en el cuello. Me gusta abrazar por la espalda cuando menos me esperan. Me gusta decir un "te quiero" diez veces seguidas. Me gusta escribir una carta. Me gusta dedicar una canción.
Y me gusta que me mimen también, claro, pero me gusta sobre todo, observar las reacciones cuando mimo.
Pero las personas somos distintas.
Hay personas que consideran los mimos un absurdo anacrónico, solo aptos para niños (y en ocasiones, sólo para bebés). Hay personas que no miman porque sencillamente, no les sale, no les han educado en ellos. Hay personas que consideran los mimos como una forma de conquistar a una pareja y una vez consiguido, los olvidan.
Hay personas, a las que sencillamente, les repatéan que los mimen, sin más.
Y todos tenemos derecho a que respeten nuestra forma de ser, nuestras decisiones.
Los problemas surgen cuando usamos los mimos a nuestra conveniencia y después olvidamos. Cuando sólo nos acordamos de mimar si necesitamos algo a cambio: "el sábado le prometí salir pero es el partido y quiero verlo con mis amigos... la mimo un poquito, unos besitos por aquí, un que bien te sienta ese vestido por allá y cuando esté contenta, le digo lo del partido". Cuando una persona que necesita recibir mimos, se tropieza con una pareja que los considera absurdos. O cuando la persona que necesita mimar para demostrar un amor, le cortan con un: "No hace falta que me digas que me quieres cada 5 minutos, ya lo sé... Así que tampoco esperes que yo te lo diga".
Como siempre, la solución está en el respeto mutuo, pero aunque todos lo sabemos... ¡qué nos cuesta aplicarlo!.
Como ya he declarado antes, soy una persona muy mimosa, es necesidad mía, demostrar constantemente mi amor. Reconozco que a algunas personas puedo resultarle pueril o inmadura... incluso pesada. Pero tengo la enorme suerte de haberme enamorado de una persona que necesita de los mimos tanto como yo.
Así que como el que avisa, no es traidor, que nadie se asuste si al tropezar con nosotros, nos encuentran hablandonos como niños pequeños, con piropos constantes o dándonos miles de besos.
Me gusta mimar.
Y a mi caballero le gusta mimarme. Me considero una maia muy afortunada.
Y como éste post va de mimos... os mando un buen montón para todos vosotros, de esta maia empalagosa y besucona.
Nota: Los mimos no son necesarios para vivir, pero si son capaces de dejarnos una sonrisa en la cara ¿por qué no darlos con más frecuencia? al fin y al cabo, son gratis.
Pero también soy mujer... y mujer enamorada por más señas. Y hoy quería contaros un poco más de mi, como mujer, como persona, como ser humano con una personalidad definida y que ha tardado casi cuarenta años en aceptarse tal y como es.
Escrito el 6 de febrero del 2006.
Mimos
Me gusta mimar.
Me gusta mirar y dejar caer una caricia con el dorso de mi mano en la mejilla. Me gusta dar un beso en el cuello. Me gusta abrazar por la espalda cuando menos me esperan. Me gusta decir un "te quiero" diez veces seguidas. Me gusta escribir una carta. Me gusta dedicar una canción.
Y me gusta que me mimen también, claro, pero me gusta sobre todo, observar las reacciones cuando mimo.
Pero las personas somos distintas.
Hay personas que consideran los mimos un absurdo anacrónico, solo aptos para niños (y en ocasiones, sólo para bebés). Hay personas que no miman porque sencillamente, no les sale, no les han educado en ellos. Hay personas que consideran los mimos como una forma de conquistar a una pareja y una vez consiguido, los olvidan.
Hay personas, a las que sencillamente, les repatéan que los mimen, sin más.
Y todos tenemos derecho a que respeten nuestra forma de ser, nuestras decisiones.
Los problemas surgen cuando usamos los mimos a nuestra conveniencia y después olvidamos. Cuando sólo nos acordamos de mimar si necesitamos algo a cambio: "el sábado le prometí salir pero es el partido y quiero verlo con mis amigos... la mimo un poquito, unos besitos por aquí, un que bien te sienta ese vestido por allá y cuando esté contenta, le digo lo del partido". Cuando una persona que necesita recibir mimos, se tropieza con una pareja que los considera absurdos. O cuando la persona que necesita mimar para demostrar un amor, le cortan con un: "No hace falta que me digas que me quieres cada 5 minutos, ya lo sé... Así que tampoco esperes que yo te lo diga".
Como siempre, la solución está en el respeto mutuo, pero aunque todos lo sabemos... ¡qué nos cuesta aplicarlo!.
Como ya he declarado antes, soy una persona muy mimosa, es necesidad mía, demostrar constantemente mi amor. Reconozco que a algunas personas puedo resultarle pueril o inmadura... incluso pesada. Pero tengo la enorme suerte de haberme enamorado de una persona que necesita de los mimos tanto como yo.
Así que como el que avisa, no es traidor, que nadie se asuste si al tropezar con nosotros, nos encuentran hablandonos como niños pequeños, con piropos constantes o dándonos miles de besos.
Me gusta mimar.
Y a mi caballero le gusta mimarme. Me considero una maia muy afortunada.
Y como éste post va de mimos... os mando un buen montón para todos vosotros, de esta maia empalagosa y besucona.
Nota: Los mimos no son necesarios para vivir, pero si son capaces de dejarnos una sonrisa en la cara ¿por qué no darlos con más frecuencia? al fin y al cabo, son gratis.
viernes, 20 de junio de 2008
Una nueva pareja
Cuando tomé la decisión de romper mi matrimonio, asumí que a mi edad y con dos hijas, lo principal serían ellas y pasaría el resto de mi vida sola; Teniendo el antecedente de mi madre, que quedó viuda a los 37 años y ahora, a sus 66 años, no ha vuelto a tener pareja. Tampoco me importó mucho. Cuando te hacen daño terminas muy resentida, aunque tu lógica te dicte que no todos los hombres (ni las mujeres) tienen por qué comportarse igual.
Al principio recelas de todos los hombres. Todos quieren hacerte daño, aprovecharse y pasar por completo de ti, como mujer y ser humano. Una mala primera experiencia en ese aspecto confirmó mi idea inicial. Con el tiempo, aceptas tener algún amigo masculino. Cuando las heridas van curándose, simplemente por el paso del tiempo, un día descubres que te has vuelto a enamorar ¿Cómo ha sido?
Y los miedos vuelven. Estás enamorada ¿aceptará él tu papel de madre? ¿tus hijas se opondrán a que comiences una nueva relación con alguien que no es su padre?
Tomas tus decisiones otra vez. Ellas son lo primero, tienes que contar con su aprobación, por mucho que duela si ésta es negativa. No impondré que quieran a mi nuevo novio y por tanto, si no lo aceptan, no comenzaré una nueva relación.
La primera sorpresa. Los niños identifican el cariño a la primera, el auténtico. Con sonrisas y regalos caros solo te los ganas por un rato. No sé como lo hizo, pero Monty acabó con su recelo en pocos minutos y al ratito, la pequeña Ithilien le preguntó si me había pedido ya ser su novia.
Aunque no sé de que me extraño, cuando semanas antes habíamos tenido esta conversación:
Escrito el 15 de septiembre del 2005
Al principio recelas de todos los hombres. Todos quieren hacerte daño, aprovecharse y pasar por completo de ti, como mujer y ser humano. Una mala primera experiencia en ese aspecto confirmó mi idea inicial. Con el tiempo, aceptas tener algún amigo masculino. Cuando las heridas van curándose, simplemente por el paso del tiempo, un día descubres que te has vuelto a enamorar ¿Cómo ha sido?
Y los miedos vuelven. Estás enamorada ¿aceptará él tu papel de madre? ¿tus hijas se opondrán a que comiences una nueva relación con alguien que no es su padre?
Tomas tus decisiones otra vez. Ellas son lo primero, tienes que contar con su aprobación, por mucho que duela si ésta es negativa. No impondré que quieran a mi nuevo novio y por tanto, si no lo aceptan, no comenzaré una nueva relación.
La primera sorpresa. Los niños identifican el cariño a la primera, el auténtico. Con sonrisas y regalos caros solo te los ganas por un rato. No sé como lo hizo, pero Monty acabó con su recelo en pocos minutos y al ratito, la pequeña Ithilien le preguntó si me había pedido ya ser su novia.
Aunque no sé de que me extraño, cuando semanas antes habíamos tenido esta conversación:
Escrito el 15 de septiembre del 2005
Condiciones para ser el nuevo novio de mami.
Hace unos meses, a Wendeling le contaron la conversación que tuvo el padre de sus hijas con estás, sobre una nueva novia y las condiciones que debía cumplir... hoy le ha tocado a ella:
Wendeling: ¿y si os digo que tengo novio?
Estel: ¿le has dicho que si? ¿qué vas a ser su novia?
- Estoy esperando a ver vuestra reacción.
- Bueno, para que sea tu novio, tiene que ser buena persona.
- Ajá... ¿alguna condición más? ¿tiene que ser guapo?
- Eso da igual... tiene que quererte mucho
- En eso tienes razón... y supongo que yo también tengo que quererle a él.
- ¡Pues claro! Si no lo quieres... ¿para que tienes novio?... y también tiene que cuidarte.
- ¿Y quereros a vosotras?
- Si es bueno y te quiere a ti, seguro que es bueno con nosotras también... tú no le vas a decir que si a alguien que no nos quiere.
En ese momento Wendeling no ha podido aguantar más y le ha dado un enorme abrazo a su hija... a pesar de creer conocerla, sigue asombrándole la madurez que siempre ha demostrado.
- Nunca aceptaría a alguien que no os quisiera a vosotras, en eso puedes estar muy segura.
Nota: Y después de todas las condiciones que le impusieron a una posible novia de su padre... creo que no he salido mal parada.
Wendeling: ¿y si os digo que tengo novio?
Estel: ¿le has dicho que si? ¿qué vas a ser su novia?
- Estoy esperando a ver vuestra reacción.
- Bueno, para que sea tu novio, tiene que ser buena persona.
- Ajá... ¿alguna condición más? ¿tiene que ser guapo?
- Eso da igual... tiene que quererte mucho
- En eso tienes razón... y supongo que yo también tengo que quererle a él.
- ¡Pues claro! Si no lo quieres... ¿para que tienes novio?... y también tiene que cuidarte.
- ¿Y quereros a vosotras?
- Si es bueno y te quiere a ti, seguro que es bueno con nosotras también... tú no le vas a decir que si a alguien que no nos quiere.
En ese momento Wendeling no ha podido aguantar más y le ha dado un enorme abrazo a su hija... a pesar de creer conocerla, sigue asombrándole la madurez que siempre ha demostrado.
- Nunca aceptaría a alguien que no os quisiera a vosotras, en eso puedes estar muy segura.
Nota: Y después de todas las condiciones que le impusieron a una posible novia de su padre... creo que no he salido mal parada.
lunes, 16 de junio de 2008
El colegio
En España, la educación es obligatoria desde los 6 años a los 16, es decir que incluye primaria y secundaria, aunque los colegios también tienen educación infantil, desde los 3 a los 6 años. Eso significa que desde los 3 añitos hasta los 16, los pequeños pueden estar en un mismo colegio, con sus becas correspondientes y ayudas para material escolar y libros varios. Lo habitual es que unos padres miren muy bien ese colegio donde su hijo va a vivir una parte muy importante de su vida y recibir una educación y estudios que le formarán como persona para su futuro. Puedes optar por una educación por completo privada, pagando grandes sumas de dinero; un colegio concertado, que quiere decir que es privado pero recibe ayuda del estado y por tanto debe regirse por las misma leyes que un colegio público; y un colegio por completo público, pagado por completo por el estado.
Hay distintas opciones también de guardería infantil o jardín de infancia, que suelen ser privadas, y en el que puedes matricular a tu hijo desde los primeros días de su vida hasta la educación obligatoria, hasta los 6 años.
Después de mucho pensarlo, opté por matricular a mis hijas con 2 años en una guardería infantil, más que nada para que se acostumbraran a tratar con otros niños. A los 3 años llegaron al colegio. Un colegio público cerca de casa. La principal característica que me decidió por ese colegio en particular, es que era (y sigue siendo) un colegio con muy pocos alumnos, con nulos problemas y en el que las niñas pudieran ir solas en un futuro cercano.
Escrito el 17 de octubre del 2005
El colegio de Estel e Ithilien.
Estel e Ithilien acuden a diario a un colegio público. Un colegio normal y corriente, con sus aulas y sus patios, con sus maestros, profesores y alumnos.
Me gusta el colegio de mis hijas, no es muy grande y en varias ocasiones ha estado a punto de desaparecer, porque tiene muy pocos alumnos, en concreto 276... pero esta administración nuestra, tan previsora ella, siempre se queda corta en sus nuevos y ultramodernos colegios, con todas las últimas pijadas en concepto de enseñanza y 4.000 alumnos... y el colegio vuelve a abrir sus puertas, año tras año, acogiendo a niños que no tiene cabida en esos enormes y masificados establecimientos de enseñanza.
Me gusta el colegio de mis hijas, con sus 276 alumnos, todos nos conocemos, alumnos, padres, profesores... y no suelen haber problemas (salvos los habituales... no exactamente con alumnos, sino con los padres... esos padres inadaptados a vivir en sociedad y que terminan pasando su agresividad a sus hijos). Un colegio en el que el 40% de su alumnado es emigrante... en el que conviven chicos que han nacido en Rusia, Ucrania, Rumanía, Marruecos, Portugal, Italia, China, Perú, Argentina, Ecuador, Chile... (y varias nacionalidades más que en este momento no recuerdo) y en el que todos juegan con todos, en el que no he visto ningún caso de marginación hacía esos niños que no han nacido aquí... ni de ataques de ellos hacía los niños españoles (aclarar que pertenezco al consejo escolar y que conozco lo que pasa dentro de sus paredes).
Por eso, cuando alguien me comenta las modernidades del colegio de sus hijos, en el que tienen cámaras grabando en cada aula, para que los padres comprueben que hacen sus hijos y que los profesores no "pegan" a los alumnos... y que hay aulas "especiales" en los que están los hijos de esos emigrantes, (hijos de padres que sólo vienen a nuestro pais, buscando vivir y un futuro mejor a sus hijos... como hemos hecho los españoles durante siglos y hasta no hace muchos años) para que no se relacionen con sus niños y les "contagien" no se qué (esa parte no me quedó muy clara... que podía contagiar a sus megasuperhijos)... termino sonriéndome y pensando que no cambiaría a mis hijas a uno de esos ultramodernos y masificados colegios de 4000 alumnos.
Me gusta el colegio de Estel e Ithilien, con sus profesores todavía ilusionados por enseñar porque hay niños que quieren aprender... y pelearé porque siga abierto, porque subsanen sus deficiencias y porque sigan viniendo esos chicos de otros paises a enriquecer, con el contacto, a nuestros hijos españoles.
Conversación de Ithilien, camino de casa, recién salida del colegio: Mami ¿sabes que Darlenne (su mejor amiga desde hace dos cursos) es de Ecuador?.... - y sin darme tiempo a contestar - ... tengo mucha suerte, porque si no conociera a Darlenne, seguro que no sabía que existía un país que se llama Ecuador, que está en América y que allí hace mucha calor y llueve mucho... ¿Y sabes que Darlenne llama tina a la bañera? ¿y caldero al cubo?.... (y siguió dándome una lista de nombres de objetos que ella y Darlenne denominaban de distinta manera).
Hay distintas opciones también de guardería infantil o jardín de infancia, que suelen ser privadas, y en el que puedes matricular a tu hijo desde los primeros días de su vida hasta la educación obligatoria, hasta los 6 años.
Después de mucho pensarlo, opté por matricular a mis hijas con 2 años en una guardería infantil, más que nada para que se acostumbraran a tratar con otros niños. A los 3 años llegaron al colegio. Un colegio público cerca de casa. La principal característica que me decidió por ese colegio en particular, es que era (y sigue siendo) un colegio con muy pocos alumnos, con nulos problemas y en el que las niñas pudieran ir solas en un futuro cercano.
Escrito el 17 de octubre del 2005
El colegio de Estel e Ithilien.
Estel e Ithilien acuden a diario a un colegio público. Un colegio normal y corriente, con sus aulas y sus patios, con sus maestros, profesores y alumnos.
Me gusta el colegio de mis hijas, no es muy grande y en varias ocasiones ha estado a punto de desaparecer, porque tiene muy pocos alumnos, en concreto 276... pero esta administración nuestra, tan previsora ella, siempre se queda corta en sus nuevos y ultramodernos colegios, con todas las últimas pijadas en concepto de enseñanza y 4.000 alumnos... y el colegio vuelve a abrir sus puertas, año tras año, acogiendo a niños que no tiene cabida en esos enormes y masificados establecimientos de enseñanza.
Me gusta el colegio de mis hijas, con sus 276 alumnos, todos nos conocemos, alumnos, padres, profesores... y no suelen haber problemas (salvos los habituales... no exactamente con alumnos, sino con los padres... esos padres inadaptados a vivir en sociedad y que terminan pasando su agresividad a sus hijos). Un colegio en el que el 40% de su alumnado es emigrante... en el que conviven chicos que han nacido en Rusia, Ucrania, Rumanía, Marruecos, Portugal, Italia, China, Perú, Argentina, Ecuador, Chile... (y varias nacionalidades más que en este momento no recuerdo) y en el que todos juegan con todos, en el que no he visto ningún caso de marginación hacía esos niños que no han nacido aquí... ni de ataques de ellos hacía los niños españoles (aclarar que pertenezco al consejo escolar y que conozco lo que pasa dentro de sus paredes).
Por eso, cuando alguien me comenta las modernidades del colegio de sus hijos, en el que tienen cámaras grabando en cada aula, para que los padres comprueben que hacen sus hijos y que los profesores no "pegan" a los alumnos... y que hay aulas "especiales" en los que están los hijos de esos emigrantes, (hijos de padres que sólo vienen a nuestro pais, buscando vivir y un futuro mejor a sus hijos... como hemos hecho los españoles durante siglos y hasta no hace muchos años) para que no se relacionen con sus niños y les "contagien" no se qué (esa parte no me quedó muy clara... que podía contagiar a sus megasuperhijos)... termino sonriéndome y pensando que no cambiaría a mis hijas a uno de esos ultramodernos y masificados colegios de 4000 alumnos.
Me gusta el colegio de Estel e Ithilien, con sus profesores todavía ilusionados por enseñar porque hay niños que quieren aprender... y pelearé porque siga abierto, porque subsanen sus deficiencias y porque sigan viniendo esos chicos de otros paises a enriquecer, con el contacto, a nuestros hijos españoles.
Conversación de Ithilien, camino de casa, recién salida del colegio: Mami ¿sabes que Darlenne (su mejor amiga desde hace dos cursos) es de Ecuador?.... - y sin darme tiempo a contestar - ... tengo mucha suerte, porque si no conociera a Darlenne, seguro que no sabía que existía un país que se llama Ecuador, que está en América y que allí hace mucha calor y llueve mucho... ¿Y sabes que Darlenne llama tina a la bañera? ¿y caldero al cubo?.... (y siguió dándome una lista de nombres de objetos que ella y Darlenne denominaban de distinta manera).
martes, 10 de junio de 2008
Peleas de hermanos
Como madre, nunca he tenido problemas para trasnochar, madrugar, velar un enfermedad o un desvelo, cuidar; cocinar, sacar de paseo, coser ropa demasiado grande o demasiado pequeña (¡qué rápido crecen los niños!); acunar, llevar en brazos, enseñar, regañar, castigar, educar al fin y al cabo; buscar colegio, estar pendiente de notas, resolver problemas, repasar para un examen, conocer a los amigos y sus padres, no descuidar el ambiente en que mis hijos desarrollan su vida; y todas esas cosas que día a día, mes a mes, año a año, hacemos todas las madres.
Pero si hay algo que no soporto de mis hijas, es que se conviertan en auténticas leonas, desmelenadas, peleándose por un juguete, por un trozo de chocolate, o por un "quítate de ahí que me estorbas".
Cuando era niña, viviendo mi infancia con mis abuelos, lejos de mis padres que habían emigrado a otro país, llevándose a mi hermano bebé; cuando era niña echada mucho de menos tener alguien con quien compartir mi vida en familia. Sí, tenía amigas y a mis tíos y abuelos, pero yo quería alguien más íntimo con el que pudiera guardar esos secretos que somos incapaces de desvelar a nuestros mayores... Cuando era niña quería tener a mi hermano cerca. Recuerdo contar a mis compañeros en clase que tenía un hermano, toda orgullosa de ello, como si fuera la única niña del mundo que tuviera uno, porque mi hermano, por ser lejano, por no conocerlo, era un ser especial y maravilloso.
Así que cuando nació la pequeña Ithilien, lo primero que pensé es que Estel no estaría sola, tendría una hermana con la que compartir todos esos secretos e historias que los mayores no podemos conocer. Olvidé que por razón de cercanía, por compartir familia, padres, casa, en ocasiones hasta ropa y tantas cosas, lo más seguro es que aparecieran también los celos y las peleas.
Mis leonas, como buenas hermanas, han tenido de todo, momentos especiales en las que disfruto viéndolas jugar juntas, momentos solitarios en que cada una se esconde en su mundo privado (la mayor con mucha más frecuencia que la pequeña) y auténticas hecatombes provocados por quítame de ahí una mota de polvo, invisible... que solo ellas pueden ver.
Escrito el 13 de diciembre del 2004
¡¡LA GORRA ES MÍA!!
Mañana excursión en el colegio de mis hijas, llevan esperándola desde hace al menos un mes, contando los días que faltan para ir al "Aula de la Naturaleza" en pleno parque natural de los montes de Málaga, recordándome constantemente que debía pagar la excursión, preparando las mochilas... incluso tomando decisiones de la ropa que deben usar y zapatos... comida que debo prepararles para la excursión. Hasta aquí todo bien.
Pero acaba de estallar el problema.
En casa hay dos gorras, una en rojo con un Mickie Mouse y otra en rosa, con Minnie Mouse. Cuando las compré en su momento, cada una de mis hijas escogió una de ellas y no hubo ningún problema. Pero hoy resulta que las dos quieren la misma, la de color rosa. Y no podéis imaginaros la que se ha montado en casa.
¡¡¡¡¡AAAAAAAGGGGGGGHHHHHHHH!!!!
- ¡LA GORRA ES MÍA!
-¡NO, MÍA, QUE LA ESCOGÍ YO, LA TUYA ES LA ROJA!
-¡MI COLOR FAVORITO ES EL ROSA, YO NO PUDE ESCOGER LA ROJA! ¡LA GORRA ES MÍA!
-¿A qué no, mamá? MÍAAAAAAAAAA
PLAFFFFF (para él que no lo ha entendido, onomatopeya de un buen hostión).
No me gusta intervenir en las peleas de mis hijas, antes o después, entre ellas terminan arreglándose, pero cuando he escuchado el tortazo, no he tenido más remedio que hacerlo.
Lo más curioso de todo, es que ellas saben perfectamente que no me gustan que se peguen, así que para evitar el castigo... nadie ha pegado a nadie. Me he quedado algo sorprendida cuando he preguntado y según ellas ninguna ha golpeado y por descontado, ninguna ha recibido el guantazo.
Eso si, no han cedido un ápice en la gorra rosa, las dos siguen queriéndola.
Y aquí me tenéis, intentado tomar una decisión salomónica por la dichosa gorrita rosa (lo peor de todo, es que no recuerdo quien fue la que pidió esa gorrita).
Nota: ¿Alguien estaría interesado en adoptar ocasionalmente una niña? Doy a escoger: 8 años o 7 años, rubia o morena, madura (a ratos, hoy nada de nada...) o cabezota, introvertida o extrovertida... ¿alguien da mas?
AAAAAGGGGGGGHHHHHHH!!!!! ¿En qué andaría pensando yo cuando decidí que tener un hijo era lo mejor de mi vida?
Y a pesar de todo. No sabría vivir sin ellas.
Pero si hay algo que no soporto de mis hijas, es que se conviertan en auténticas leonas, desmelenadas, peleándose por un juguete, por un trozo de chocolate, o por un "quítate de ahí que me estorbas".
Cuando era niña, viviendo mi infancia con mis abuelos, lejos de mis padres que habían emigrado a otro país, llevándose a mi hermano bebé; cuando era niña echada mucho de menos tener alguien con quien compartir mi vida en familia. Sí, tenía amigas y a mis tíos y abuelos, pero yo quería alguien más íntimo con el que pudiera guardar esos secretos que somos incapaces de desvelar a nuestros mayores... Cuando era niña quería tener a mi hermano cerca. Recuerdo contar a mis compañeros en clase que tenía un hermano, toda orgullosa de ello, como si fuera la única niña del mundo que tuviera uno, porque mi hermano, por ser lejano, por no conocerlo, era un ser especial y maravilloso.
Así que cuando nació la pequeña Ithilien, lo primero que pensé es que Estel no estaría sola, tendría una hermana con la que compartir todos esos secretos e historias que los mayores no podemos conocer. Olvidé que por razón de cercanía, por compartir familia, padres, casa, en ocasiones hasta ropa y tantas cosas, lo más seguro es que aparecieran también los celos y las peleas.
Mis leonas, como buenas hermanas, han tenido de todo, momentos especiales en las que disfruto viéndolas jugar juntas, momentos solitarios en que cada una se esconde en su mundo privado (la mayor con mucha más frecuencia que la pequeña) y auténticas hecatombes provocados por quítame de ahí una mota de polvo, invisible... que solo ellas pueden ver.
Escrito el 13 de diciembre del 2004
¡¡LA GORRA ES MÍA!!
Mañana excursión en el colegio de mis hijas, llevan esperándola desde hace al menos un mes, contando los días que faltan para ir al "Aula de la Naturaleza" en pleno parque natural de los montes de Málaga, recordándome constantemente que debía pagar la excursión, preparando las mochilas... incluso tomando decisiones de la ropa que deben usar y zapatos... comida que debo prepararles para la excursión. Hasta aquí todo bien.
Pero acaba de estallar el problema.
En casa hay dos gorras, una en rojo con un Mickie Mouse y otra en rosa, con Minnie Mouse. Cuando las compré en su momento, cada una de mis hijas escogió una de ellas y no hubo ningún problema. Pero hoy resulta que las dos quieren la misma, la de color rosa. Y no podéis imaginaros la que se ha montado en casa.
¡¡¡¡¡AAAAAAAGGGGGGGHHHHHHHH!!!!
- ¡LA GORRA ES MÍA!
-¡NO, MÍA, QUE LA ESCOGÍ YO, LA TUYA ES LA ROJA!
-¡MI COLOR FAVORITO ES EL ROSA, YO NO PUDE ESCOGER LA ROJA! ¡LA GORRA ES MÍA!
-¿A qué no, mamá? MÍAAAAAAAAAA
PLAFFFFF (para él que no lo ha entendido, onomatopeya de un buen hostión).
No me gusta intervenir en las peleas de mis hijas, antes o después, entre ellas terminan arreglándose, pero cuando he escuchado el tortazo, no he tenido más remedio que hacerlo.
Lo más curioso de todo, es que ellas saben perfectamente que no me gustan que se peguen, así que para evitar el castigo... nadie ha pegado a nadie. Me he quedado algo sorprendida cuando he preguntado y según ellas ninguna ha golpeado y por descontado, ninguna ha recibido el guantazo.
Eso si, no han cedido un ápice en la gorra rosa, las dos siguen queriéndola.
Y aquí me tenéis, intentado tomar una decisión salomónica por la dichosa gorrita rosa (lo peor de todo, es que no recuerdo quien fue la que pidió esa gorrita).
Nota: ¿Alguien estaría interesado en adoptar ocasionalmente una niña? Doy a escoger: 8 años o 7 años, rubia o morena, madura (a ratos, hoy nada de nada...) o cabezota, introvertida o extrovertida... ¿alguien da mas?
AAAAAGGGGGGGHHHHHHH!!!!! ¿En qué andaría pensando yo cuando decidí que tener un hijo era lo mejor de mi vida?
Y a pesar de todo. No sabría vivir sin ellas.
Aunque el tiempo ha pasado y todo esto ocurrió hace cuatro años, siguen comportándose exactamente igual... miedo me da cuando empiecen a pelearse por la ropa... o por los chicos.
sábado, 7 de junio de 2008
¿Lo estaré haciendo bien?
Mis miedos como madre, siempre ahí, picándome constantemente. Haciéndome pensar si estaré educando bien a las pequeñas. El actuar como padre-madre a la vez es muy complicado. Consultando constantemente con sus profesores, por si nuestro divorcio les ha afectado en sus estudios, en sus relaciones con los compañeros, con los conocidos...
Pero todo marcha bien. Sus muestras de madurez siguen sorprendiéndome todos los días. Sus calificaciones son excepcionales, sus relaciones con los compañeros las habituales correspondientes a su edad y personalidad.
Estel es muy tímida y dulce, siempre lo ha sido y en plena adolescencia se ha reforzado esa timidez que me preocupa, viviendo siempre en su mundo, con esa imaginación sorprendente que le hace ser una pequeña ratoncita de biblioteca (orgullosa de que en eso se parezca a mi), o no tan pequeña, que ha crecido mucho el último año y mide ya 1,64 m., sorprendente a sus doce años.
Escrito el 11 de mayo del 2005
- Mami ¿por qué tiene que haber hombres malos?
- Porque la vida es así y tiene que haber de todo. Hay personas buenas y personas malas. Y hay que tener cuidado porque realmente nunca sabemos cuando una persona no es tan buena como puede parecer.
- Pero si no hubiera hombres malos, no tendríamos que preocuparnos de que nos hicieran daño.
- Pues si. Pero la vida es así de complicada.
- Pues vaya, a mi me gustaría vivir una vida en la que no tuviera que preocuparme de si ese hombre es malo o quiere hacerme daño.
- No solo hay hombres malos, también hay mujeres, no lo olvides.
- Lo sé, mami.
--ooOOoo--
- Mami ¿cómo podemos saber si un hombre es malo o no?
- Es difícil de saber. Primero tienes que tener muy claro que no se pueden confiar en todas las personas. En principio solo en las que sepas que te quieren mucho.
- ¿Cómo papi, tú y las abuelas?
- Si. Después tienes que ser una chica muy inteligente, aprender y observar a las personas. Y terminar tomando decisiones por ti misma, no por lo que digan los demás.
- Pero es que yo muchas cosas no lo sé.
- Para eso tienes que aprender y ahora mismo estamos papá y yo para explicarte si tienes alguna duda.
- Vale.
- ¿Por qué estás tan preocupada por los hombres malos?
- Porque a veces veo cosas que no me gustan, pero no se si están mal o no.
- Cuando tengas esas dudas, pregúntanos y te lo podemos explicar. Aunque no sabemos todo, pero si hemos tenido más tiempo para aprender.
- Si, eres muy vieja, vas a cumplir 38 años.
- ¡Estel!
- Pero muy guapa también.
- Sí, si... ahora arréglalo.
Nota: Espero que esa confianza que siente Estel por su madre dure mucho tiempo. Wendeling está realmente orgullosa de como crecen y maduran sus hijas.
Y la pequeña Ithilien, extrovertida por completo, con carisma entre sus compañeros, ingeniosa e inocente. Lianta, algo dominante y que si no dice la última palabra en una discusión, no duerme tranquila.
Escrito el 11 de marzo del 2005
Pero todo marcha bien. Sus muestras de madurez siguen sorprendiéndome todos los días. Sus calificaciones son excepcionales, sus relaciones con los compañeros las habituales correspondientes a su edad y personalidad.
Estel es muy tímida y dulce, siempre lo ha sido y en plena adolescencia se ha reforzado esa timidez que me preocupa, viviendo siempre en su mundo, con esa imaginación sorprendente que le hace ser una pequeña ratoncita de biblioteca (orgullosa de que en eso se parezca a mi), o no tan pequeña, que ha crecido mucho el último año y mide ya 1,64 m., sorprendente a sus doce años.
Escrito el 11 de mayo del 2005
- Mami ¿por qué tiene que haber hombres malos?
- Porque la vida es así y tiene que haber de todo. Hay personas buenas y personas malas. Y hay que tener cuidado porque realmente nunca sabemos cuando una persona no es tan buena como puede parecer.
- Pero si no hubiera hombres malos, no tendríamos que preocuparnos de que nos hicieran daño.
- Pues si. Pero la vida es así de complicada.
- Pues vaya, a mi me gustaría vivir una vida en la que no tuviera que preocuparme de si ese hombre es malo o quiere hacerme daño.
- No solo hay hombres malos, también hay mujeres, no lo olvides.
- Lo sé, mami.
--ooOOoo--
- Mami ¿cómo podemos saber si un hombre es malo o no?
- Es difícil de saber. Primero tienes que tener muy claro que no se pueden confiar en todas las personas. En principio solo en las que sepas que te quieren mucho.
- ¿Cómo papi, tú y las abuelas?
- Si. Después tienes que ser una chica muy inteligente, aprender y observar a las personas. Y terminar tomando decisiones por ti misma, no por lo que digan los demás.
- Pero es que yo muchas cosas no lo sé.
- Para eso tienes que aprender y ahora mismo estamos papá y yo para explicarte si tienes alguna duda.
- Vale.
- ¿Por qué estás tan preocupada por los hombres malos?
- Porque a veces veo cosas que no me gustan, pero no se si están mal o no.
- Cuando tengas esas dudas, pregúntanos y te lo podemos explicar. Aunque no sabemos todo, pero si hemos tenido más tiempo para aprender.
- Si, eres muy vieja, vas a cumplir 38 años.
- ¡Estel!
- Pero muy guapa también.
- Sí, si... ahora arréglalo.
Nota: Espero que esa confianza que siente Estel por su madre dure mucho tiempo. Wendeling está realmente orgullosa de como crecen y maduran sus hijas.
Y la pequeña Ithilien, extrovertida por completo, con carisma entre sus compañeros, ingeniosa e inocente. Lianta, algo dominante y que si no dice la última palabra en una discusión, no duerme tranquila.
Escrito el 11 de marzo del 2005
Condiciones para ser la nueva novia de papá
Por fin, después de un mes de preguntas y dudas existenciales, Ithilien ha conseguido que su papi hable con ella de una supuesta novia y que relación familiar tendrían entre las dos.
Ithilien: Pero si tienes una novia, tú vas a seguir siendo mi papi
Papi de Ithilien: Claro, eso, por mucho que una persona quiere, nunca se puede borrar, siempre voy a ser tu papi.
- ¿Y esa novia va a ser mi madrastra? porque Sara (una compañera de clase de Ithilien) tiene madrastra y a ella no le gusta.
- Será mi novia y ya está. Si quieres que sea tu amiga, puede ser tu amiga.
- Para que sea mi amiga tiene que cuidarme muy bien.
- Pues le diré que te cuide muy bien.
- Y tiene que ser buena y ayudarme con los deberes (conociendo a mi hija, seguro que terminaría por hacerle los deberes con tal de no escucharla).
- Le diré que te ayude con los deberes.
- ¿Y me llevará al parque y me dejará subirme a los árboles?
- Ehhh.... eso hay que negociarlo con tu madre.
- Es que mami no me deja subirme a los árboles, dice que me puedo caer y romperme otra vez la pierna como el año pasado.
- Pues tiene razón.
- Pero yo quiero subirme a los árboles, así que tu novia si quiere ser mi amiga tiene que dejarme subir a los árboles.
- Negociaremos esa parte.
- ¿Qué es negociar?
- Pues que para que te deje hacer eso, tú tienes que hacer otra cosa en compensanción.
- Tengo que pensarlo.
- De acuerdo.
- También quiero que me cuente cuentos, como me los cuenta mami.
- ¿Y como te los cuenta mami?
- Me los cuenta muy divertidos, a veces me da miedo y otras veces me rio.
- ¿Y qué cuentos te cuenta mami?
- Me cuenta el de la mariposa perdida, el del pájaro de la verdad, la princesa calva, la sirena maleducada,....
- Espera, espera,... esos cuentos no los conozco yo.
- Claro, son cuentos que cuenta mami.
- Yo me se el de blancanieves, el de la cenicienta, el gato con botas....
- Pero todos esos me los se, tengo las pelis. Me gustan los cuentos de mami.
- Bueno, pero no se si mi novia se sabrá esos cuentos.
- Pues le dices a tu novia, que si quiere ser mi amiga, hable con mami y le pida sus cuentos, porque son los cuentos que yo quiero.
- De acuerdo, se lo diré. ¿Alguna cosa más?
- Si me acuerdo de alguna cosa más, te lo escribo en un papel y se lo das a tu novia.
Nota: Esta conversación me la ha comentado el padre de la criatura. Si con 7 años es capaz de "negociar" de esta forma, no quiero imaginarme cuando tenga algunos años más.
Ithilien: Pero si tienes una novia, tú vas a seguir siendo mi papi
Papi de Ithilien: Claro, eso, por mucho que una persona quiere, nunca se puede borrar, siempre voy a ser tu papi.
- ¿Y esa novia va a ser mi madrastra? porque Sara (una compañera de clase de Ithilien) tiene madrastra y a ella no le gusta.
- Será mi novia y ya está. Si quieres que sea tu amiga, puede ser tu amiga.
- Para que sea mi amiga tiene que cuidarme muy bien.
- Pues le diré que te cuide muy bien.
- Y tiene que ser buena y ayudarme con los deberes (conociendo a mi hija, seguro que terminaría por hacerle los deberes con tal de no escucharla).
- Le diré que te ayude con los deberes.
- ¿Y me llevará al parque y me dejará subirme a los árboles?
- Ehhh.... eso hay que negociarlo con tu madre.
- Es que mami no me deja subirme a los árboles, dice que me puedo caer y romperme otra vez la pierna como el año pasado.
- Pues tiene razón.
- Pero yo quiero subirme a los árboles, así que tu novia si quiere ser mi amiga tiene que dejarme subir a los árboles.
- Negociaremos esa parte.
- ¿Qué es negociar?
- Pues que para que te deje hacer eso, tú tienes que hacer otra cosa en compensanción.
- Tengo que pensarlo.
- De acuerdo.
- También quiero que me cuente cuentos, como me los cuenta mami.
- ¿Y como te los cuenta mami?
- Me los cuenta muy divertidos, a veces me da miedo y otras veces me rio.
- ¿Y qué cuentos te cuenta mami?
- Me cuenta el de la mariposa perdida, el del pájaro de la verdad, la princesa calva, la sirena maleducada,....
- Espera, espera,... esos cuentos no los conozco yo.
- Claro, son cuentos que cuenta mami.
- Yo me se el de blancanieves, el de la cenicienta, el gato con botas....
- Pero todos esos me los se, tengo las pelis. Me gustan los cuentos de mami.
- Bueno, pero no se si mi novia se sabrá esos cuentos.
- Pues le dices a tu novia, que si quiere ser mi amiga, hable con mami y le pida sus cuentos, porque son los cuentos que yo quiero.
- De acuerdo, se lo diré. ¿Alguna cosa más?
- Si me acuerdo de alguna cosa más, te lo escribo en un papel y se lo das a tu novia.
Nota: Esta conversación me la ha comentado el padre de la criatura. Si con 7 años es capaz de "negociar" de esta forma, no quiero imaginarme cuando tenga algunos años más.
jueves, 5 de junio de 2008
Separación
Cuando pasa el tiempo y una tras otra se acumulan las incongruencias de tu matrimonio, cuando a pesar del amor que le tienes, te das cuenta que así no puedes, no podéis, seguir viviendo, duele tomar una decisión... la de que la vida juntos se acabó.
Pero están tus hijas, son pequeñas y sabes que no puedes dejar de atenderlas. El separarse significa quedarse sin ingresos y si vuelves al trabajo, no podrás cuidarlas como tu quieres. También está el miedo a como tomarán ellas que su padre ya no viva en casa. Absurdo miedo porque ¿alguna vez realmente convivimos juntos? El siempre ha vivido la vida a su ritmo, no se ha preocupado realmente de lo que necesitan ellas ni necesito yo. En su egoísmo cree que con pasar un sueldo, está cubierta su parte como padre y esposo. Y para mi convivir significa mucho más que ser el que traiga dinero a casa.
Cuando decidimos ser padres, tomamos la decisión de que sería yo la que dejara mi trabajo. Soy azafata de congresos y eso me suponía viajar y pasar días fuera de casa, así no podría atender a mi futuro hijo y yo quería ser su centro cuando naciera.
Tardé seis años en darme cuenta que mi matrimonio no funcionaba y tres más en tomar la decisión. Él tardó solo unos meses en abandonarme cuando encontró una nueva pareja. Todo se precipitó antes de que yo pudiera siquiera exponerle mi determinación de finalizar nuestro matrimonio.
Ni siquiera se lo contó a sus hijas, sencillamente una maleta, sus cosas y ni un adiós. Tres meses después le obligué a que habláramos con las niñas. Él quería que fuera yo quien se lo contara, dejarme a mi toda la papeleta. No cedí.
Escrito el 9 de febrero del 2005
Pero están tus hijas, son pequeñas y sabes que no puedes dejar de atenderlas. El separarse significa quedarse sin ingresos y si vuelves al trabajo, no podrás cuidarlas como tu quieres. También está el miedo a como tomarán ellas que su padre ya no viva en casa. Absurdo miedo porque ¿alguna vez realmente convivimos juntos? El siempre ha vivido la vida a su ritmo, no se ha preocupado realmente de lo que necesitan ellas ni necesito yo. En su egoísmo cree que con pasar un sueldo, está cubierta su parte como padre y esposo. Y para mi convivir significa mucho más que ser el que traiga dinero a casa.
Cuando decidimos ser padres, tomamos la decisión de que sería yo la que dejara mi trabajo. Soy azafata de congresos y eso me suponía viajar y pasar días fuera de casa, así no podría atender a mi futuro hijo y yo quería ser su centro cuando naciera.
Tardé seis años en darme cuenta que mi matrimonio no funcionaba y tres más en tomar la decisión. Él tardó solo unos meses en abandonarme cuando encontró una nueva pareja. Todo se precipitó antes de que yo pudiera siquiera exponerle mi determinación de finalizar nuestro matrimonio.
Ni siquiera se lo contó a sus hijas, sencillamente una maleta, sus cosas y ni un adiós. Tres meses después le obligué a que habláramos con las niñas. Él quería que fuera yo quien se lo contara, dejarme a mi toda la papeleta. No cedí.
Escrito el 9 de febrero del 2005
Ha pasado un año
Este febrero hace un año que nos separamos, y en todo ese tiempo Ithilien ha actuado como si todo siguiera igual. Nunca me ha preguntado que pasó, o porque su padre ya no vive en casa. Hasta ayer.
- Mamá ¿por qué tú y papá ya no sois novios?
Me pilló por completo por sorpresa. Estuve esperando esa pregunta muchas veces al principio, pero no la hizo. Su hermana Estel si, en su momento, se quejó, lloró un poquito y dijo "No es justo", pero al poco se había adaptado. Ithilien sencillamente siguió viviendo como sino hubiera pasado, como si todo siguiera igual.
- Porque es mejor no ser novios que estar siempre peleándose.
- ¿Por qué papá y tú os peleaís?
- Ahora ya no nos peleamos.
- Ahora papá no vive con nosotras.
- Pero sigue siendo tu papá y yo tu mamá.
Me abraza, se ríe y me suelta una de las suyas:
- Si un día papá tiene una novia, será divertido ver como me cuida.
Y sale corriendo para seguir jugando con sus muñecas bebé.
La verdad es que sí, que sería divertido ver como se adaptan a esa situación los "nuevos novios" de sus padres... tanto una posible pareja de él como mía.
Y me siento orgullosa de mis hijas. Saben quienes son sus padres y que les quieren mucho, a pesar de que ahora "ya no seamos novios"
Cuando su padre vivía en casa, prácticamente se pasaba días sin verlas, salía antes de que ellas despertaran, volvía cuando estaban dormidas. En cierta ocasión llegó a confesarme que le agobiaba tener unas niñas siempre encima, reclamando su atención y que por eso procuraba llegar a casa cuando ya dormían, pero que eso no le impedía quererlas. Nunca entendí como se puede querer y no demostrarlo. Por eso creo que no tuvieron problemas en adaptarse a nuestra separación... ¿habían convivido con su padre alguna vez? Yo sería incapaz... no concibo mi vida sin tener a mis hijas constantemente conmigo, me costará dejarlas marchar de casa cuando llegue su momento.
- Mamá ¿por qué tú y papá ya no sois novios?
Me pilló por completo por sorpresa. Estuve esperando esa pregunta muchas veces al principio, pero no la hizo. Su hermana Estel si, en su momento, se quejó, lloró un poquito y dijo "No es justo", pero al poco se había adaptado. Ithilien sencillamente siguió viviendo como sino hubiera pasado, como si todo siguiera igual.
- Porque es mejor no ser novios que estar siempre peleándose.
- ¿Por qué papá y tú os peleaís?
- Ahora ya no nos peleamos.
- Ahora papá no vive con nosotras.
- Pero sigue siendo tu papá y yo tu mamá.
Me abraza, se ríe y me suelta una de las suyas:
- Si un día papá tiene una novia, será divertido ver como me cuida.
Y sale corriendo para seguir jugando con sus muñecas bebé.
La verdad es que sí, que sería divertido ver como se adaptan a esa situación los "nuevos novios" de sus padres... tanto una posible pareja de él como mía.
Y me siento orgullosa de mis hijas. Saben quienes son sus padres y que les quieren mucho, a pesar de que ahora "ya no seamos novios"
martes, 3 de junio de 2008
Orgullosa
Me siento muy orgullosa de que Gisela haya pensado en mi para participar en este maravilloso blog. No soy alguien tan especial, solo una madre más, como la gran mayoría de las madres que pueblan este mundo, como la gran mayoría de nuestras madres y abuelas, que tienen a sus hijos, los cuidan, los aman, los miman... los ven crecer y convertirse en hombres y mujeres.
Y me siento orgullosa de ser madre. Con mis miedos de equivocarme, de tomar la decisión adecuada, como una madre más, como la gran mayoría de las madres que han existido y que existirán. Pero con el corazón siempre abierto, porque las madres tenemos un enorme corazón que admite a un hijo o a diez, con un corazón que hace magia porque cabe dentro de nuestro pecho tengamos los hijos que tengamos, lo hayamos parido o adoptado. Son nuestros niños y aunque cumplan veinte, treinta u ochenta años, seguirán siendo nuestros niños.
Y mis hijos, los tres que he tenido, me hacen sentir fuerte, aunque uno de ellos haga trece años que no consiga tenerlo al lado.... Aunque me haya costado años aceptar que no volveré a verlo, que no volveré a tener recuerdos suyos a los que agarrarme.
Escrito el 8 de diciembre del 2004.
En ocasiones, cuando me siento más fuerte, consigo leer mis diarios de hace algunos años sin llorar mucho. Me he prohibido terminantemente hacer eso cuando siento la necesidad de esconderme debajo de la almohada y darle bocados de rabia al mundo. Pero hoy me he sentido más llena, y quería compartir mi fortaleza con la Wendeling de hace casi 9 años. Cuando sentí que no tenía derecho a seguir viviendo.
En casa, 18 de abril, 1995
Han pasado dos semanas desde que volví del hospital y no he conseguido que todo vuelva a la normalidad. ¿Cómo hacerlo si donde miro me recuerda a él? Quiero obligarme a guardarlo todo, pero cuando me lo propongo, algo dentro de mi se niega a esconderlo.
Todo sigue aquí.
Su cuna a mi lado, acaricio las sábanas y todavía huelen a él.
El cochecito que nunca llegó a usar. Él quiere devolverlo a la tienda, le han dicho que tendrá el reimporte íntegro, es lo que suelen hacer cuando ocasionalmente ocurre "eso".
- ¿"Eso"?- Me he enfadado- Era una persona, era nuestro hijo y murió. No es un eso. Por favor. No niegues que has tenido un hijo.
Se ha ido y me ha dejado sola, llorando acurrucada en una esquina del salón.
No se cuando he dejado de llorar, pero al final me he levantado y he abierto los cajones. Casi sin ver por las lágrimas, he empezado a guardar su ropita en una maleta. En la suya. Cada jersey me recordaba el momento cuando se lo puse. como movía los puñitos o como me miraba a la cara.
He abierto el grifo de la ducha, con agua fría y he terminado debajo. El agua cayendo sobre mi y por fin he conseguido gritar. Una y otra vez. Quiero a mi niño. Lo quiero.
Todavía hay un paquete de pañales detrás de una puerta de mi casa. 9 años, 8 meses y 5 días después.
Se llamaba Daniel.
Los amo, a los tres y me siento la madre más orgullosa del mundo, como la gran mayoría de las madres que han existido y existirán.
Y me siento orgullosa de ser madre. Con mis miedos de equivocarme, de tomar la decisión adecuada, como una madre más, como la gran mayoría de las madres que han existido y que existirán. Pero con el corazón siempre abierto, porque las madres tenemos un enorme corazón que admite a un hijo o a diez, con un corazón que hace magia porque cabe dentro de nuestro pecho tengamos los hijos que tengamos, lo hayamos parido o adoptado. Son nuestros niños y aunque cumplan veinte, treinta u ochenta años, seguirán siendo nuestros niños.
Y mis hijos, los tres que he tenido, me hacen sentir fuerte, aunque uno de ellos haga trece años que no consiga tenerlo al lado.... Aunque me haya costado años aceptar que no volveré a verlo, que no volveré a tener recuerdos suyos a los que agarrarme.
Escrito el 8 de diciembre del 2004.
En ocasiones, cuando me siento más fuerte, consigo leer mis diarios de hace algunos años sin llorar mucho. Me he prohibido terminantemente hacer eso cuando siento la necesidad de esconderme debajo de la almohada y darle bocados de rabia al mundo. Pero hoy me he sentido más llena, y quería compartir mi fortaleza con la Wendeling de hace casi 9 años. Cuando sentí que no tenía derecho a seguir viviendo.
En casa, 18 de abril, 1995
Han pasado dos semanas desde que volví del hospital y no he conseguido que todo vuelva a la normalidad. ¿Cómo hacerlo si donde miro me recuerda a él? Quiero obligarme a guardarlo todo, pero cuando me lo propongo, algo dentro de mi se niega a esconderlo.
Todo sigue aquí.
Su cuna a mi lado, acaricio las sábanas y todavía huelen a él.
El cochecito que nunca llegó a usar. Él quiere devolverlo a la tienda, le han dicho que tendrá el reimporte íntegro, es lo que suelen hacer cuando ocasionalmente ocurre "eso".
- ¿"Eso"?- Me he enfadado- Era una persona, era nuestro hijo y murió. No es un eso. Por favor. No niegues que has tenido un hijo.
Se ha ido y me ha dejado sola, llorando acurrucada en una esquina del salón.
No se cuando he dejado de llorar, pero al final me he levantado y he abierto los cajones. Casi sin ver por las lágrimas, he empezado a guardar su ropita en una maleta. En la suya. Cada jersey me recordaba el momento cuando se lo puse. como movía los puñitos o como me miraba a la cara.
He abierto el grifo de la ducha, con agua fría y he terminado debajo. El agua cayendo sobre mi y por fin he conseguido gritar. Una y otra vez. Quiero a mi niño. Lo quiero.
Todavía hay un paquete de pañales detrás de una puerta de mi casa. 9 años, 8 meses y 5 días después.
Se llamaba Daniel.
Los amo, a los tres y me siento la madre más orgullosa del mundo, como la gran mayoría de las madres que han existido y existirán.
Bienvenida WEN!
En el día de su cumpleaños, le doy la bienvenida a la mami que nos acompañará este mes, compartiendo sus vivencias...
Espero que disfrutes tu estadia Wen!
Espero que disfrutes tu estadia Wen!
lunes, 2 de junio de 2008
Mamística de mayo


Ro, creo que hablio por muchas si digo que este mes nos dejaste sin palabras. No porque no sabíamos la grandiosa mamá que eras, sino que además los obstáculos que debiste sortear te hicieron increiblemente fuerte. Cuando hablás de tus hijos se te llenan las palabras de orgullo y no tengo dudas que tus hijos lo están de tan hermosa madre que tienen.
Por todo esto, que no es poco, te entrego la mamadera de oro de este mes:
Por todo esto, que no es poco, te entrego la mamadera de oro de este mes:
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