martes, 30 de junio de 2009
Premio Mamadera de Oro - Junio '09
Simplemente, gracias. Fue maravilloso para mi leerte este mes, y me encantaría repetirlo. Ya te volveré a invitar.
Porque sin duda desde el momento de tu parto demostraste ser una mamá especial, fuera de serie... te otorgo humildemente la mamadera de oro
Besos y hasta pronto!
Hasta pronto
Ha sido muy bonito poder compartir un trocito de mí con vosotras. Compartir mis preocupaciones y una de las vivencias más importantes de mi vida.
Ha sido muy dulce ver los comentarios, el apoyo, el cariño.
Ha sido muy enriquecedor conocer otros puntos de vista y otras formas de hacer las cosas.
Ha sido muy agradable sentir que otras mujeres esperan leerte.
Ha sido conmovedor sentir esta acogida.
Ha sido maravilloso encontrar nuevas cyber-mamás, nuevas cyber-amigas.
Gracias a todas las que me habeis leido. Gracias a todas las que habeis comentado. Gracias a todas las que habeis venido a visitarnos a nuestro blog. Gracias a todas las que habeis compartido opinones y consejos conmigo. Gracias a todas las que me habeis hecho sonreir con vuestras palabras. Gracias a todas las que habeis abierto para mí un trocito de vosotras.
Gracias Gisela por esta oportunidad de aprender y compartir. Gracias por ofrecernos este espacio cada mes para enriquecernos unas a otras. Gracias por ser tan comprensiva y paciente. Gracias, amiga. Y no te sientas mal por no ser SuperMamá. Ninguna lo somos. Ninguna sabemos que será de nuestros hijos ni si lo que intentamos enseñarles y hacer por ellos saldrá como preveemos que salga. Pero lo que sí debemos tener claro es hacer las cosas con amor, con todo el amor que tenemos para ellos porque solo haciendo lo que el corazón te dice, ya tienes un gran camino hecho. Núnca seremos SuperMamá, núnca tendremos paciencia infinita, siempre un buen día y palabras solo de amor: somos humanas; tampoco podremos evitar que sufran, que se equivoquen: es su camino; pero estaremos ahí para tenderles la mano y acunarlos en nuestro regazo, como cuando son pequeños.
Eres una excelente mamá. Ten fe en tí misma y en tus hijos. Lo que hagas de corazón no puede estar mal y reza a Dios para que los cuide y los proteja.
Gracias, amigas y hasta pronto.
viernes, 26 de junio de 2009
Como hacer...
Mamis, tengo un problema: me siento mala madre... No hay caso, lo intento, intento ver lo bueno, pero no se...
Me siento una fracasada. Me da mucha tristeza sentirme asi. Estoy perdida, y el hecho de no tener una mamá para que me guie, o amigas cercanas que estén en mi situación, logra que me siento un sapo de otro pozo, sola y haciendo cosas a los ponchazos.
Cómo hago para darme cuenta que voy bien, que no estoy creando mosntruos, que no estoy tan equivocada? Pueden decirme algo para que me sienta mejor?
Me siento una fracasada. Me da mucha tristeza sentirme asi. Estoy perdida, y el hecho de no tener una mamá para que me guie, o amigas cercanas que estén en mi situación, logra que me siento un sapo de otro pozo, sola y haciendo cosas a los ponchazos.
Cómo hago para darme cuenta que voy bien, que no estoy creando mosntruos, que no estoy tan equivocada? Pueden decirme algo para que me sienta mejor?
sábado, 20 de junio de 2009
Mis amigas, mis hermanas
Hace días que busco inspiración o algo que contar pero, sin darme cuenta, lo que realmente buscaba es cómo contar lo que me pasa.
Llevo días triste por algo que, en verdad, es una bendición.
Durante toda mi vida busqué gente con la que sentir algo especial, amigas "para siempre", pero esto no llegaba y sufrí mucho por ello. Pero cuando el Islam entró en mi vida lo hizo como un soplo de aire fresco, algo que me quitó muchos pesos de encima y me lavó con agua limpia y clara. Junto con todo eso me trajo 4 personas maravillosas: mis amigas, mis hermanas.
Ninguna musulmana, todas conversas casi a la vez. 5 corazones movidos por lo mismo. ¿Os imaginais lo que puede llegar a unir eso? Fue una étapa taaan especial de mi vida... Con ellas al lado todo era más fácil, todo más bonito.
Yo me casé pronto y me quedé a vivir aquí en Barcelona. Ellas estuvieron una temporada viviendo también aquí. Pasamos nuestro primer Ramadán, nuestras primeras aventuras en tarikat y como musulmanas. Cada vez más unidas por dentro pero más separadas por fuera.
Ahora dos de ellas en Valencia, una en Alemania con su bebé de 4 meses y otra, que dió a luz hace casi dos meses, en San Sebastian.
Es normal que cada una tome su vida, que el tiempo nos situe en un extremo diferente, pero las echo tanto de menos...
Fui la primera en casarme y ser mamá por lo que no podían entender realmente como me sentía pero, aún así, estaban ahí. Siempre han estado ahí y sé que siempre lo estarán.
Ahora mismo tengo los ojos cristalinos y es que las necesito mucho. La Vida ha unido nuestros corazónes de una manera tan fuerte que los kilómetros no hacen huella; las pequeñas discursiones se evaporan; la ausencia de voz no hace eco.
Ojalá las tuviera cerca para mirarlas a los ojos y darles un abrazo. Entonces, nos sentaríamos en algún banco de un bonito parque y, con nuestros bebés en brazos, nos reiríamos como lo hacemos siempre que estamos juntas. Ojalá...
Llevo días triste por algo que, en verdad, es una bendición.
Durante toda mi vida busqué gente con la que sentir algo especial, amigas "para siempre", pero esto no llegaba y sufrí mucho por ello. Pero cuando el Islam entró en mi vida lo hizo como un soplo de aire fresco, algo que me quitó muchos pesos de encima y me lavó con agua limpia y clara. Junto con todo eso me trajo 4 personas maravillosas: mis amigas, mis hermanas.
Ninguna musulmana, todas conversas casi a la vez. 5 corazones movidos por lo mismo. ¿Os imaginais lo que puede llegar a unir eso? Fue una étapa taaan especial de mi vida... Con ellas al lado todo era más fácil, todo más bonito.
Yo me casé pronto y me quedé a vivir aquí en Barcelona. Ellas estuvieron una temporada viviendo también aquí. Pasamos nuestro primer Ramadán, nuestras primeras aventuras en tarikat y como musulmanas. Cada vez más unidas por dentro pero más separadas por fuera.
Ahora dos de ellas en Valencia, una en Alemania con su bebé de 4 meses y otra, que dió a luz hace casi dos meses, en San Sebastian.
Es normal que cada una tome su vida, que el tiempo nos situe en un extremo diferente, pero las echo tanto de menos...
Fui la primera en casarme y ser mamá por lo que no podían entender realmente como me sentía pero, aún así, estaban ahí. Siempre han estado ahí y sé que siempre lo estarán.
Ahora mismo tengo los ojos cristalinos y es que las necesito mucho. La Vida ha unido nuestros corazónes de una manera tan fuerte que los kilómetros no hacen huella; las pequeñas discursiones se evaporan; la ausencia de voz no hace eco.
Ojalá las tuviera cerca para mirarlas a los ojos y darles un abrazo. Entonces, nos sentaríamos en algún banco de un bonito parque y, con nuestros bebés en brazos, nos reiríamos como lo hacemos siempre que estamos juntas. Ojalá...
martes, 9 de junio de 2009
El milagro de la vida
Y como lo prometido es deuda, aquí les dejo el relato de mi parto. Lo escribí tres semanas después de haber dado a luz, en plena cuarentena, en plena batalla emocional, sumida en la montaña rusa que eran mis días...
Por como acabó todo me sentía mal, muy mal y cuando por fin lo plasmé tal y como lo recordaba, me di cuenta de lo bonito que había sido.
¡Disfrútenlo!
Cómo nació Ahmed Nur (miércoles, 20 de Agosto del 2008)
A mitad de agosto me fui unos días a Elche a pasarlos con mi familia en una casita que tienen en una urbanización. Allí, fuera de la ciudad, se suele estar más fresco y tranquilo y pensé que me vendría bien.Llegué el viernes 15 por la noche y pensaba irme el siguiente miércoles, pero al final el lunes decidí comprar mi billete de vuelta para el martes porque tenía ganas de volver.Había tenido alguna contracción muy poco molesta esos días pero nada extraño. Yo me sentía más nerviosa pero suelo estarlo cuando viajo sin mi marido y las molestias que me iban surgiendo las achacaba a que ya estaba en el 8º mes y era normal.Al final, en el tren de vuelta a Barcelona que quería coger, solo quedaba un asiento: el mío. Y me marché a casa. Los preparativos con mi familia para cuando, supuestamente, volviéramos unas semanas después seguían en pie sin que nadie sospecháramos nada de lo que iba a suceder.
El viaje en tren fue tranquilo y bien (mejor que el de ida) y al llegar mi marido estaba desecho en mimos conmigo. En casa ya estaba más tranquila.
Esa noche la pasé un poco rara, ya que tuve como 4 contracciones más molestas pero no fui consciente hasta que me desperté y las seguía teniendo muy de vez en cuando. Todo me sonaba así que empecé a mirar en libros y revistas y le dije a mi marido “creo que esto puede ser para tirar el tapón mucoso”. En todos los sitios decía que era algo gelatinoso y rosado con tiñas rojas y yo esperaba ver eso, pero lo único que vi fue flujo marrón oscuro. Pensé “en horas o días lo tiraré”. Visto que la cosa podía empezar y que, según libros y revistas, a las primerizas les puede pasar semanas antes del parto, le dije a mi marido que si tiraba el tapón podía ponerme de parto en cualquier momento y que estaría más tranquila estando en Elche ya, cerca de Acuario. Así que empecé a pensar en irnos un par de días más tarde y comencé a preparar cosas (puse una lavadora con ropita del bebé, mantitas, sabanitas y un bolso).
La mañana pasó y, como se acercaba el mediodía, me puse a hacer la comida. Entre tanto algún mimo con mi marido pero cada uno llevaba su marcha. Yo seguía teniendo contracciones cada mucho y estaba atenta al flujo pero nada rosado ni rojizo aparecía.
Después de comer me tumbé en el sofá como de costumbre y me puse a ver la tele. Las contracciones no paraban, es mas, cada vez me molestaban un poco más pero no me planteé nada raro. Sobre las 7 y media de la tarde, me puse una peli de video para ver si podía relajarme y olvidarme de las molestias (El Príncipe de Egipto, una peli que me da fuerza y seguridad y me ayuda siempre a conectar conmigo misma) pero no tuvo mucho éxito. Las contracciones empezaban a doler un poco y no podía estar sentada sin más viendo la tele, así que a las 8 me fijé en el relojito que había en la pantalla de la tele y me di cuenta que las contracciones venían cada 5 minutos justos. Mirándolo desde fuera pienso “¿cómo es que no le dije nada a mi marido para hacer algo?” pero es como si, a partir de ese momento, alguien desconectara la parte racional de mi cabeza y me metiera en un planeta paralelo en el que solo existíamos las contracciones y yo. Dejé la peli puesta y primero me fui a la habitación de mi bebé. Me puse a cuatro patas en la moqueta y después de rodillas. Allí pasé un par de contracciones pero después me fui a mi habitación y me tumbé en mi cama. Desde ese momento, no la dejé.
Fui pasando el dolor de las contracciones de rodillas en la cama, moviendo la cadera y, entre ellas, acostada de lado intentando descansar un poco. En un rato, mi marido vino a buscarme y, al verme así, no se lo que pensó pero le pedí que se quedara y me masajeara la parte baja de la espalda mientras estaba acostada.
Pronto me quede sola y las contracciones eran cada vez más dolorosas. Entre ellas ya no había tanto tiempo y apenas podía relajarme o echarme en la cama.Mi marido desapareció y, aunque en ese momento ni me paré a pensar en ello, recuerdo que estaba hablando por teléfono con gente porque se dio cuenta de que esto iba a más.
Yo rezaba con cada contracción, pedía en alto que me ayudaran con el dolor, incluso mordía las sábanas. A veces me ayudaba mucho respirar rápido por la boca como he leído en manuales pero a veces solo podía gritar cosas como “que paren ya, por favor” o “no puedo más”. Pero sabes que sí que puedes, te sale la fuerza de donde no sabes y todo sigue su marcha.
Allí estaba yo, a oscuras, mientras el sol se ponía, a cuatro patas en la cama con el balcón abierto y gritando con una voz que me salía de lo más profundo de mí. Sigo sin entender como no pensé en ningún momento que estaba de parto y que no había nadie para atenderme pero lo cierto es que fue así. Sencillamente me sentía como una mamífera más, escondida entre arbustos, sin querer ser vista y dando a luz a su hijo.
Mi marido entraba y salía nervioso, intentando hacer algo para ayudarme. Llamó a varias comadronas que asistían en casa pero no le cogieron el teléfono o, simplemente, le dijeron que no.
En un momento me dijo que teníamos que irnos al hospital y me dio ropa, pero yo le dije que esperara que en ese momento no podía moverme, que confiara en mí (solo pensar en bajar de la cama me asustaba). Las contracciones eran prácticamente seguidas y no podría ni dar un paso.Viendo mi estado decidió llamar a una ambulancia para que vinieran a casa y llevarme al hospital y eso debió ser sobre las 10 de la noche. Mis contracciones habían bajado la intensidad y tenía un poco de tiempo entre ellas, entonces supe que tocaba empujar.Me apoyé en la madera que hay en el cabezal de la cama con las manos y me puse de rodillas. Me quedé totalmente desnuda y, con cada contracción, empujaba un poco con cuidado. Notaba como el bebé iba bajando y yo estaba abierta. Iba metiendo mis dedos para ver si tenía que romperme la bolsa (porque aún hoy no sé en qué momento rompí aguas) y le decía “venga bebé, un poco más que esto ya acaba”.
En ese momento entró mi marido y me dijo que una ambulancia venía de camino a lo que yo le contesté que pusiera toallas bajo de mi y que se quedara, porque su hijo iba a nacer. Yo ya tocaba su pelito y notaba como me quemaba toda la zona. Esa tirantez ardía, pero aun así esperaba a tener una contracción para empujar.Finalmente, con un pequeño grito, salió la cabeza y oí como mi marido muy emocionado me seguía dando ánimos diciéndome que mi bebé ya estaba aquí. Poco después y sin casi esfuerzo calló el cuerpecito y mi marido lo recogió en sus manos.”Es un niño” me dijo y enseguida le saludó completamente enamorado “Salam aleikum Ahmed Nur”.
Aún recuerdo el tono de su voz y lo emocionado que estaba. Se acababa de enamorar de su bebé y lo había recogido con sus propias manos para darle la bienvenida a este mundo.
Yo me senté en la cama como pude, totalmente en shock y él me tendió al chiquitín diciéndome “toma, aquí tienes a tu hijo”. Lo apoyé en mi pecho y mi marido se quedó a mi lado. Abrazados los 3, disfrutamos de 5 minutos de intimidad mientras Idris le cantaba la bienvenida y yo seguía unida al bebé por el cordón.
Justo después llegaron las enfermeras para llevarme urgente al hospital, aunque se quedaron súper sorprendidas cuando, al abrir la puerta, Idris les dijo que acababa de nacer. Allí tuvimos que esperar otra ambulancia y bueno… podría decir que, en cierto modo, empezó un poco nuestra pesadilla: médicos, salas frías, separaciones, pruebas y más pruebas,… un hospital. Pero, gracias a Dios, mi hijo tuvo el nacimiento que durante todo el embarazo quise para él.
No se cogió al pecho en cuanto nació pero no se si porque no pudo, no quiso o porque yo no supe. Lo cierto es que yo estaba exhausta por todo lo que acababa de pasar. En cuestión de pocas horas había tenido a mi hijo, casi un mes antes de lo que me habían dicho todas las comadronas. Había ocurrido ya y había pasado en casa, sin nadie más que mi marido y mi confianza en Dios y en mi cuerpo.
Aun hoy, cuando pienso en ese día, siento que estaba fuera de mí. Me había imaginado un parto más idílico y, para no mentir, menos duro pero lo cierto es que, ahora que ha pasado todo, empiezo a ver que fue precioso y estoy muy feliz de cómo fue. Me siento muy orgullosa de mi bebe por lo fuerte y decidido que es; de mi marido por todo lo que participó, el amor que me demostró, la confianza y lo unidos que estuvimos en cada momento; y también de mi misma, de lo fuerte y valiente que fui.
Nunca me hubiera imaginado mi parto de ese modo pero, a decir verdad, durante todo el embarazo dije que quería un parto “en sepia” y hoy, al recordarlo, siento que lo tuve.
Por como acabó todo me sentía mal, muy mal y cuando por fin lo plasmé tal y como lo recordaba, me di cuenta de lo bonito que había sido.
¡Disfrútenlo!
Cómo nació Ahmed Nur (miércoles, 20 de Agosto del 2008)
A mitad de agosto me fui unos días a Elche a pasarlos con mi familia en una casita que tienen en una urbanización. Allí, fuera de la ciudad, se suele estar más fresco y tranquilo y pensé que me vendría bien.Llegué el viernes 15 por la noche y pensaba irme el siguiente miércoles, pero al final el lunes decidí comprar mi billete de vuelta para el martes porque tenía ganas de volver.Había tenido alguna contracción muy poco molesta esos días pero nada extraño. Yo me sentía más nerviosa pero suelo estarlo cuando viajo sin mi marido y las molestias que me iban surgiendo las achacaba a que ya estaba en el 8º mes y era normal.Al final, en el tren de vuelta a Barcelona que quería coger, solo quedaba un asiento: el mío. Y me marché a casa. Los preparativos con mi familia para cuando, supuestamente, volviéramos unas semanas después seguían en pie sin que nadie sospecháramos nada de lo que iba a suceder.
El viaje en tren fue tranquilo y bien (mejor que el de ida) y al llegar mi marido estaba desecho en mimos conmigo. En casa ya estaba más tranquila.
Esa noche la pasé un poco rara, ya que tuve como 4 contracciones más molestas pero no fui consciente hasta que me desperté y las seguía teniendo muy de vez en cuando. Todo me sonaba así que empecé a mirar en libros y revistas y le dije a mi marido “creo que esto puede ser para tirar el tapón mucoso”. En todos los sitios decía que era algo gelatinoso y rosado con tiñas rojas y yo esperaba ver eso, pero lo único que vi fue flujo marrón oscuro. Pensé “en horas o días lo tiraré”. Visto que la cosa podía empezar y que, según libros y revistas, a las primerizas les puede pasar semanas antes del parto, le dije a mi marido que si tiraba el tapón podía ponerme de parto en cualquier momento y que estaría más tranquila estando en Elche ya, cerca de Acuario. Así que empecé a pensar en irnos un par de días más tarde y comencé a preparar cosas (puse una lavadora con ropita del bebé, mantitas, sabanitas y un bolso).
La mañana pasó y, como se acercaba el mediodía, me puse a hacer la comida. Entre tanto algún mimo con mi marido pero cada uno llevaba su marcha. Yo seguía teniendo contracciones cada mucho y estaba atenta al flujo pero nada rosado ni rojizo aparecía.
Después de comer me tumbé en el sofá como de costumbre y me puse a ver la tele. Las contracciones no paraban, es mas, cada vez me molestaban un poco más pero no me planteé nada raro. Sobre las 7 y media de la tarde, me puse una peli de video para ver si podía relajarme y olvidarme de las molestias (El Príncipe de Egipto, una peli que me da fuerza y seguridad y me ayuda siempre a conectar conmigo misma) pero no tuvo mucho éxito. Las contracciones empezaban a doler un poco y no podía estar sentada sin más viendo la tele, así que a las 8 me fijé en el relojito que había en la pantalla de la tele y me di cuenta que las contracciones venían cada 5 minutos justos. Mirándolo desde fuera pienso “¿cómo es que no le dije nada a mi marido para hacer algo?” pero es como si, a partir de ese momento, alguien desconectara la parte racional de mi cabeza y me metiera en un planeta paralelo en el que solo existíamos las contracciones y yo. Dejé la peli puesta y primero me fui a la habitación de mi bebé. Me puse a cuatro patas en la moqueta y después de rodillas. Allí pasé un par de contracciones pero después me fui a mi habitación y me tumbé en mi cama. Desde ese momento, no la dejé.
Fui pasando el dolor de las contracciones de rodillas en la cama, moviendo la cadera y, entre ellas, acostada de lado intentando descansar un poco. En un rato, mi marido vino a buscarme y, al verme así, no se lo que pensó pero le pedí que se quedara y me masajeara la parte baja de la espalda mientras estaba acostada.
Pronto me quede sola y las contracciones eran cada vez más dolorosas. Entre ellas ya no había tanto tiempo y apenas podía relajarme o echarme en la cama.Mi marido desapareció y, aunque en ese momento ni me paré a pensar en ello, recuerdo que estaba hablando por teléfono con gente porque se dio cuenta de que esto iba a más.
Yo rezaba con cada contracción, pedía en alto que me ayudaran con el dolor, incluso mordía las sábanas. A veces me ayudaba mucho respirar rápido por la boca como he leído en manuales pero a veces solo podía gritar cosas como “que paren ya, por favor” o “no puedo más”. Pero sabes que sí que puedes, te sale la fuerza de donde no sabes y todo sigue su marcha.
Allí estaba yo, a oscuras, mientras el sol se ponía, a cuatro patas en la cama con el balcón abierto y gritando con una voz que me salía de lo más profundo de mí. Sigo sin entender como no pensé en ningún momento que estaba de parto y que no había nadie para atenderme pero lo cierto es que fue así. Sencillamente me sentía como una mamífera más, escondida entre arbustos, sin querer ser vista y dando a luz a su hijo.
Mi marido entraba y salía nervioso, intentando hacer algo para ayudarme. Llamó a varias comadronas que asistían en casa pero no le cogieron el teléfono o, simplemente, le dijeron que no.
En un momento me dijo que teníamos que irnos al hospital y me dio ropa, pero yo le dije que esperara que en ese momento no podía moverme, que confiara en mí (solo pensar en bajar de la cama me asustaba). Las contracciones eran prácticamente seguidas y no podría ni dar un paso.Viendo mi estado decidió llamar a una ambulancia para que vinieran a casa y llevarme al hospital y eso debió ser sobre las 10 de la noche. Mis contracciones habían bajado la intensidad y tenía un poco de tiempo entre ellas, entonces supe que tocaba empujar.Me apoyé en la madera que hay en el cabezal de la cama con las manos y me puse de rodillas. Me quedé totalmente desnuda y, con cada contracción, empujaba un poco con cuidado. Notaba como el bebé iba bajando y yo estaba abierta. Iba metiendo mis dedos para ver si tenía que romperme la bolsa (porque aún hoy no sé en qué momento rompí aguas) y le decía “venga bebé, un poco más que esto ya acaba”.
En ese momento entró mi marido y me dijo que una ambulancia venía de camino a lo que yo le contesté que pusiera toallas bajo de mi y que se quedara, porque su hijo iba a nacer. Yo ya tocaba su pelito y notaba como me quemaba toda la zona. Esa tirantez ardía, pero aun así esperaba a tener una contracción para empujar.Finalmente, con un pequeño grito, salió la cabeza y oí como mi marido muy emocionado me seguía dando ánimos diciéndome que mi bebé ya estaba aquí. Poco después y sin casi esfuerzo calló el cuerpecito y mi marido lo recogió en sus manos.”Es un niño” me dijo y enseguida le saludó completamente enamorado “Salam aleikum Ahmed Nur”.
Aún recuerdo el tono de su voz y lo emocionado que estaba. Se acababa de enamorar de su bebé y lo había recogido con sus propias manos para darle la bienvenida a este mundo.
Yo me senté en la cama como pude, totalmente en shock y él me tendió al chiquitín diciéndome “toma, aquí tienes a tu hijo”. Lo apoyé en mi pecho y mi marido se quedó a mi lado. Abrazados los 3, disfrutamos de 5 minutos de intimidad mientras Idris le cantaba la bienvenida y yo seguía unida al bebé por el cordón.
Justo después llegaron las enfermeras para llevarme urgente al hospital, aunque se quedaron súper sorprendidas cuando, al abrir la puerta, Idris les dijo que acababa de nacer. Allí tuvimos que esperar otra ambulancia y bueno… podría decir que, en cierto modo, empezó un poco nuestra pesadilla: médicos, salas frías, separaciones, pruebas y más pruebas,… un hospital. Pero, gracias a Dios, mi hijo tuvo el nacimiento que durante todo el embarazo quise para él.
No se cogió al pecho en cuanto nació pero no se si porque no pudo, no quiso o porque yo no supe. Lo cierto es que yo estaba exhausta por todo lo que acababa de pasar. En cuestión de pocas horas había tenido a mi hijo, casi un mes antes de lo que me habían dicho todas las comadronas. Había ocurrido ya y había pasado en casa, sin nadie más que mi marido y mi confianza en Dios y en mi cuerpo.
Aun hoy, cuando pienso en ese día, siento que estaba fuera de mí. Me había imaginado un parto más idílico y, para no mentir, menos duro pero lo cierto es que, ahora que ha pasado todo, empiezo a ver que fue precioso y estoy muy feliz de cómo fue. Me siento muy orgullosa de mi bebe por lo fuerte y decidido que es; de mi marido por todo lo que participó, el amor que me demostró, la confianza y lo unidos que estuvimos en cada momento; y también de mi misma, de lo fuerte y valiente que fui.
Nunca me hubiera imaginado mi parto de ese modo pero, a decir verdad, durante todo el embarazo dije que quería un parto “en sepia” y hoy, al recordarlo, siento que lo tuve.
martes, 2 de junio de 2009
Mami Farah
Queridas amigas conocidas y sin conocer:
Soy Farah, una mamá española de 25 años, y este mes Gisela me ha dado la oportunidad de expresarme en este blog, de llegar a vuestros hogares y, así, poder compartir con todas vosotras un poquito de mi corazón y de mi vida.
Como bien os sonará a todas, mientras escribo voy mirando para atrás viendo como Ahmed Nur juega en la alfombra. La mayoría de veces sigo escribiendo pero algunas me levanto a quitarle cualquier cosa que sacó de nosedonde y que no es buena idea; otras, tengo que volver a acercarle a sus juguetes porque ya medio gateaba fuera de la alfombra, por el suelo; y, otras, me quedo embobada mirando como aprende de rápido y lo precioso que está al paso de los días.
Y es que esto es exactamente lo que la maternidad ha cambiado en mí: el dejar de hacer y pensar únicamente en lo que YO necesito o quiero. Esto fue algo muy duro de asumir. Mi pequeño vino un par de semanas antes de lo previsto y, aunque disfruté enormemente de mi embarazo, no estaba preparada para que estuviera ya aquí. ¡¡Ni siquiera su ropita lo estaba!!
Pero así sucedió, y me vi repentinamente con un pequeño ser, sangre de mi sangre y, sin embargo, tan desconocido, a mi cargo. Todo en él dependía de mí y yo solo quería escapar. Lo quise desde el principio pero, más que esa sensación que algunas madres explican como “en cuanto lo vi me enamoré y todo valió la pena”, en mí pudo más la sensación de protección de una mamífera a su cachorro, la de supervivencia. El amor real estaba ahí pero se fue abriendo poco a poco a medida que me abría a mi nueva situación.
Por supuesto todo valió la pena y, como dice mi prima, si para tenerlo a él conmigo tuviera que repetir mi vida entera con todas las equivocaciones y malos tragos, lo haría.
Ahmed Nur, mi príncipe de 9 meses, es el sol de mi vida. Y, aunque yo nunca fui una persona muy paciente, él me está enseñando día a día que la paciencia es una gran virtud que toda mamá lleva dentro y que, si la consigues, vives cosas maravillosas.
Mi parto fue algo especial, maravilloso, mágico. Algo sagrado que Dios mes regaló. Pero eso, ya es otra historia…
Soy Farah, una mamá española de 25 años, y este mes Gisela me ha dado la oportunidad de expresarme en este blog, de llegar a vuestros hogares y, así, poder compartir con todas vosotras un poquito de mi corazón y de mi vida.
Como bien os sonará a todas, mientras escribo voy mirando para atrás viendo como Ahmed Nur juega en la alfombra. La mayoría de veces sigo escribiendo pero algunas me levanto a quitarle cualquier cosa que sacó de nosedonde y que no es buena idea; otras, tengo que volver a acercarle a sus juguetes porque ya medio gateaba fuera de la alfombra, por el suelo; y, otras, me quedo embobada mirando como aprende de rápido y lo precioso que está al paso de los días.
Y es que esto es exactamente lo que la maternidad ha cambiado en mí: el dejar de hacer y pensar únicamente en lo que YO necesito o quiero. Esto fue algo muy duro de asumir. Mi pequeño vino un par de semanas antes de lo previsto y, aunque disfruté enormemente de mi embarazo, no estaba preparada para que estuviera ya aquí. ¡¡Ni siquiera su ropita lo estaba!!
Pero así sucedió, y me vi repentinamente con un pequeño ser, sangre de mi sangre y, sin embargo, tan desconocido, a mi cargo. Todo en él dependía de mí y yo solo quería escapar. Lo quise desde el principio pero, más que esa sensación que algunas madres explican como “en cuanto lo vi me enamoré y todo valió la pena”, en mí pudo más la sensación de protección de una mamífera a su cachorro, la de supervivencia. El amor real estaba ahí pero se fue abriendo poco a poco a medida que me abría a mi nueva situación.
Por supuesto todo valió la pena y, como dice mi prima, si para tenerlo a él conmigo tuviera que repetir mi vida entera con todas las equivocaciones y malos tragos, lo haría.
Ahmed Nur, mi príncipe de 9 meses, es el sol de mi vida. Y, aunque yo nunca fui una persona muy paciente, él me está enseñando día a día que la paciencia es una gran virtud que toda mamá lleva dentro y que, si la consigues, vives cosas maravillosas.
Mi parto fue algo especial, maravilloso, mágico. Algo sagrado que Dios mes regaló. Pero eso, ya es otra historia…
lunes, 1 de junio de 2009
Mamística de Junio '09
Es un gusto presentarles a esta mamucha tan especial. Se que les va a caer re bien, y sus entradas ptrometen, les aseguro.
Bienvenida amiga, espero te sientas como en casa
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