Desde chica me costó mucho el rol de madre. Recuerdo que me era difícil tomar una muñeca, me aburría con facilidad y prefería jugar a otros típicos juegos como “la maestra”
En la adolescencia no me imaginaba como era ser madre. No podía imaginarme con un bebé en brazos, me horrorizaba la lactancia y planificaba mi vida alrededor de estudios y trabajo, quería ser “decoradora de interiores”…
Y como la profesión, mis deseos cambiaron.
Un día estábamos con Andrés acostados en el piso mirando a través de la ventana, soñando con el día en que tengamos hijos. En ese mismo momento, una chispita crecía. Es increíble como nace ese deseo… y es inexplicable, un día la naturaleza toca con su mano a una persona (o una pareja) y comienza una vida… porque para mi desde ese mismo momento en que se desea, la vida nueva brilla.
Y desde ese día no me pareció tan loco tener un bebé en brazos, prepararle la leche o darle la teta, llevarlo al jardín o a una plaza… ¡y esas visiones me hacían muy feliz!
No sé si soy una buena madre, pero dejo mi vida por mi hija. Y la amo desde esa tarde acostado junto al hombre más maravilloso que conocí.
Si tengo que definir la maternidad, sin duda diría que tiene un dulce sabor con algo de amargo. Me enojo, me angustio, me preocupo, pero desde que los ojos de mi hija se cruzan con los míos siento una felicidad inmensa, que casi no entra en mi pecho.
Ella me convirtió en mamística*
*pronto aparecerá la aclaración de este vocablo tan particular

3 comentarios:
Hermoso lo que escribiste Gise! Un beso!
WOW que bella descripción de tu maternidad...
Felicitaciones por este hermoso blog!!! y por compartir a travez de él tu maternidad!!!
Gracias mamis... un gusto que me lean
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