Me siento muy orgullosa de que Gisela haya pensado en mi para participar en este maravilloso blog. No soy alguien tan especial, solo una madre más, como la gran mayoría de las madres que pueblan este mundo, como la gran mayoría de nuestras madres y abuelas, que tienen a sus hijos, los cuidan, los aman, los miman... los ven crecer y convertirse en hombres y mujeres.
Y me siento orgullosa de ser madre. Con mis miedos de equivocarme, de tomar la decisión adecuada, como una madre más, como la gran mayoría de las madres que han existido y que existirán. Pero con el corazón siempre abierto, porque las madres tenemos un enorme corazón que admite a un hijo o a diez, con un corazón que hace magia porque cabe dentro de nuestro pecho tengamos los hijos que tengamos, lo hayamos parido o adoptado. Son nuestros niños y aunque cumplan veinte, treinta u ochenta años, seguirán siendo nuestros niños.
Y mis hijos, los tres que he tenido, me hacen sentir fuerte, aunque uno de ellos haga trece años que no consiga tenerlo al lado.... Aunque me haya costado años aceptar que no volveré a verlo, que no volveré a tener recuerdos suyos a los que agarrarme.
Escrito el 8 de diciembre del 2004.
En ocasiones, cuando me siento más fuerte, consigo leer mis diarios de hace algunos años sin llorar mucho. Me he prohibido terminantemente hacer eso cuando siento la necesidad de esconderme debajo de la almohada y darle bocados de rabia al mundo. Pero hoy me he sentido más llena, y quería compartir mi fortaleza con la Wendeling de hace casi 9 años. Cuando sentí que no tenía derecho a seguir viviendo.
En casa, 18 de abril, 1995
Han pasado dos semanas desde que volví del hospital y no he conseguido que todo vuelva a la normalidad. ¿Cómo hacerlo si donde miro me recuerda a él? Quiero obligarme a guardarlo todo, pero cuando me lo propongo, algo dentro de mi se niega a esconderlo.
Todo sigue aquí.
Su cuna a mi lado, acaricio las sábanas y todavía huelen a él.
El cochecito que nunca llegó a usar. Él quiere devolverlo a la tienda, le han dicho que tendrá el reimporte íntegro, es lo que suelen hacer cuando ocasionalmente ocurre "eso".
- ¿"Eso"?- Me he enfadado- Era una persona, era nuestro hijo y murió. No es un eso. Por favor. No niegues que has tenido un hijo.
Se ha ido y me ha dejado sola, llorando acurrucada en una esquina del salón.
No se cuando he dejado de llorar, pero al final me he levantado y he abierto los cajones. Casi sin ver por las lágrimas, he empezado a guardar su ropita en una maleta. En la suya. Cada jersey me recordaba el momento cuando se lo puse. como movía los puñitos o como me miraba a la cara.
He abierto el grifo de la ducha, con agua fría y he terminado debajo. El agua cayendo sobre mi y por fin he conseguido gritar. Una y otra vez. Quiero a mi niño. Lo quiero.
Todavía hay un paquete de pañales detrás de una puerta de mi casa. 9 años, 8 meses y 5 días después.
Se llamaba Daniel.
Los amo, a los tres y me siento la madre más orgullosa del mundo, como la gran mayoría de las madres que han existido y existirán.
8 comentarios:
Wen, una vez más, gracias por brindarnos un poquito más de vos.
Como mami de un angelito, no pude leer de corrido tu primer entrada... y es que aun hoy me cuesta pensar en mi bebito, tan pequeño, sin llorar.
Me alegra saber que a alguien más no le da lo mismo "haberlo perdido",ni que haga de cuenta que es lo mismo que si no hubieses pasado...
A todas las mamis que pasamos por esto, un fuerte abrazo de oso...
Wen, amiga... cuanto dolor en esas palabras... me imagino que si yo senti ese dolor con solo leerte, sentirlo en carne propia seria como la misma muerte, pero en vida.
Un gusto enorme tenerte acá, te estaré leyendo y asi compartir momentos de todo tipo junto a una extraordinaria mamá.
Ah! y no te califiques como una más. Vos sos MAMÁ WEN!!!
Besotes!!!
Wow estoy hecha lagrimas! senti tu perdida Wen, la forma que lo relatas me llego! sé que no siento lo que tú, Gisela, Ju y otras mamis han sentido con sus respectivas perdidas, pero tu relato me hizo sentir tal vez un poquito de todo lo que han sentido y pasado ustedes!
Besos y aplausos para la primera entrada!
Wen, la verdad que es muy duro todo lo que leo en tu relato... Debe ser terrible pasar por eso...
Admiro tu fortaleza y lo gran mamá que sos con tus leonas.
Besos!!!
Ay amiga, me tienes echa trizas, tal vez por que pasé por lo mismo, de verdad no se exactamente fué la historia de Daniel, pero entiendo y comparto ese dolor, ese dolor desgarrador que por mas que pase el tiempo no se irá, ese dolor con el que hay que aprender a seguir en la lucha, tue eres una mujer digna de admirar, eres como digo yo, una MUJER !10, que Dios te siga bendiciendo y que sigas siendo ese ser humano tan ejemplar.
La verdad que es un relato muy fuerte, siento mucho lo que sufriste (y seguis sufriendo).
Que entereza hay que tener para seguir adelante!
Gracias por poner tus vivencias en este lindo blog.
Me cuesta todavía mucho hablar de lo que pasó, porque sigo sintiéndome culpable. Ya lo sé, me han dicho miles de veces que en un bebé tan pequeño no puedes distinguir si está dormido o ha perdido el conocimiento, solo cumplió dos semanas. Tuvo un derrame cerebral y aunque luchó durante horas, en el hospital, no llegó a salir adelante.
Es la primera vez que hablo de ello y casi no veo al escribir (menos mal que soy mecanógrafa). Gracias a todas.
Querida amiga...se me nubla la vista de solo leer...se me hace un nudo en la garganta...
Que fuerza para seguir adelante...realmente te admiro mami!
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